Adenopatías o ganglios inflamados

Las adenopatías son ganglios que están aumentados de tamaño. Los ganglios son unos órganos del sistema defensivo donde las células defensivas se almacenan o realizan diferentes funciones, y se inflaman cuando existen por ejemplo infecciones o heridas. Las adenopatías por lo tanto son relativamente frecuentes en la edad infantil y suelen suponer un motivo frecuente de consulta ya que a veces la inflamación es llamativa. Se suelen detectar como bultos en el cuello, bajo la mandíbula o bien en la región posterior de la cabeza, como por ejemplo en la parte alta de la nuca.

Las adenopatías se pueden producir por múltiples causas. En la mayoría de los casos estas causas son infecciosas y sencillas de tratar, sin embargo en algunos el proceso de fondo puede ser severo, por lo que ante su presencia o ante hallazgos fuera de lo común se debe consultar siempre. Entre las causas más frecuentes se encuentran las infecciones, a mucha distancia del resto de causas. Casi cualquier infección puede producir adenopatías con características que pueden variar mucho en función del germen y del tipo de infección que se produzca. Mucho menos frecuentes son los procesos reumatológicos o inmunes, y mucho menos los relacionados con tumores o neoplasias.


Qué síntomas presentan
En general el síntoma principal es la propia presencia del ganglio inflamado, que se suele palpar como si fuera un pequeño bulto, que a veces incluso es visible si el niño gira el cuello en determinadas posiciones. Puede aparecer de forma aislada o bien en grupos. Las localizaciones más frecuentes suelen ser cervicales (en el cuello), axilares o inguinales. En general las adenopatías localizadas suelen aparecer cerca de la zona donde se encuentra la causa, como las que se producen en el cuello por una faringitis. Las adenopatías generalizadas suelen reflejar una enfermedad más general.

Otras veces se pueden acompañar de dolor o incluso de inflamación de la zona de alrededor. En ocasiones la presencia de la adenopatía es el único síntoma, pero en otras ocasiones puede que haya otros síntomas acompañando y que pueden servir para localizar el proceso que lo está produciendo. No son muy habituales las que se localizan sobre las clavículas ni en recién nacidos, por lo que su hallazgo en estos casos siempre debe ser consultado.

Cómo se diagnostican
Son muchas las causas que pueden producir adenopatías y aunque las más frecuentes son los cuadros infecciosos, la posibilidad de un proceso grave como un tumor siempre genera preocupación. Ante una adenopatía el pediatra valorará y anotará los síntomas relacionados, la cronología y cualquier dato relevante, así como los antecedentes personales del niño y los familiares. En esta fase es muy importante relatar cualquier dato que pueda ser de ayuda al pediatra, por muy irrelevante que parezca, ya que puede ayudar mucho a orientar el cuadro.

En la exploración el pediatra tratará de estudiar no sólo la adenopatía y sus características (tamaño, inflamación, dolor, si es móvil, su consistencia, localización) sino que explorará al niño buscando no sólo otras adenopatías, sino cualquier signo que pueda ayudar a localizar el proceso que las está generando. En general se consideran de buen pronóstico las adenopatías de pequeño tamaño, sobre todo si se localizan en cuello ó zona inguinal.

En función de los hallazgos de la historia y la exploración el pediatra planteará una actitud que puede variar desde la mera observación con o sin tratamiento hasta la realización de pruebas que puedan ayudar a estudiar el proceso de origen o el propio ganglio. En los casos en los que encuentre algún hallazgo que lo indique, la adenopatía esté en una localización atípica o en la historia haya algún dato llamativo, podrá plantear la realización de pruebas en función de los datos obtenidos.

Algunas de las causas que suelen indicar la realización de estos estudios son la presencia en lugares poco frecuentes como encima de las clavículas, los cuadros de fiebre prolongados sin causa aparente, si la adenopatía está adherida a piel o si hay inflamación de órganos como el hígado o el bazo, entre otros. Entre estas pruebas se encuentran diversos estudios analíticos, pruebas de imagen como radiografías o ecografía, una prueba de Mantoux (para la detección de tuberculosis o incluso la realización de una punción de la adenopatía para estudio).

Cómo se tratan
En los casos en los que la adenopatía tenga signos de benignidad y el niño una exploración normal, el pediatra puede plantear un tratamiento conservador con uso o no de fármacos (antiinflamatorios o antibióticos) y revisiones seriadas. La mayoría de los casos están relacionados con un proceso infeccioso de origen viral, por lo que no requieren ningún tipo de tratamiento salvo observación y antiinflamatorios si son necesarios. El tiempo de seguimiento puede variar en función de la evolución.

En las primeras dos semanas lo que se vigila es que la adenopatía no aumente de tamaño. En caso de hacerlo se inician los estudios. Si no aumenta se vigila durante varias semanas más, en el transcurso de las cuales lo normal es que el tamaño comience a disminuir. En caso de hacerlo se sigue controlando de forma ambulatoria. Si no es así entonces se suelen iniciar los estudios para determinar el origen. Lo normal es que en doce semanas la adenopatía haya desaparecido y el ganglio tenga de nuevo su tamaño normal. En caso de no ser así, se iniciarían los estudios oportunos.

Para ir respetando los tiempos de observación es condición obligada que el niño esté asintomático, con muy buen estado general y que no aparezca ningún síntoma o complicación que pueda hacer pensar que esa adenopatía tiene un origen diferente.

Las que se deben a procesos infecciosos generados por bacterias sí reciben tratamiento con antibióticos específicos, que debe pautar el pediatra. En los casos en los que la adenopatía se deba a otro proceso el tratamiento suele encaminarse a dicho proceso, por lo que el diagnóstico es fundamental, y para ello el pediatra necesita disponer de todos los datos posibles en relación con la historia clínica y antecedentes del niño.

Signos que deben ser motivo de consulta siempre
Aunque la mayoría de las adenopatías en edad pediátrica son benignas, hay casos en los que las adenopatías pueden presentar determinados datos que pueden hacer sospechar de cuadros algo más severos o potencialmente graves. Ante estos datos se debe consultar siempre al pediatra. Algunos de ellos son el aumento progresivo de tamaño (o el no descenso tras 3-4 semanas), la presencia de síntomas variados (fiebre, decaimiento, palidez) y por supuesto si el niño presenta regular o mal estado general (en este caso se debe acudir siempre a urgencias).

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3 pensamientos en “Adenopatías o ganglios inflamados

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