Archivo de la categoría: Lactantes

Hipervitaminosis A (ingesta excesiva de vitamina A en niños).

La hipervitaminosis A consiste en un exceso de presencia de vitamina A en el organismo. La vitamina A es un nutriente de los llamados esenciales, es decir, de los que necesitamos ingerir para vivir, y que solo puede ser sintetizada por las plantas, en forma de los denominados carotenos, tan presentes en los tomates o en las zanahorias. También la ingerimos en los cereales y las verduras, con la carne e incluso con los lácteos.

Esta vitamina, al igual que otras muchas, es liposoluble, es decir, se disuelve en grasa, y para que se absorba en el organismo bien debe ir acompañada de una proporción adecuada de proteínas y grasas en la dieta. Sin embargo, y precisamente al ser liposoluble, puede acumularse con facilidad en el organismo, donde existen gran cantidad de grasas que pueden hacer de almacén, en caso de que se ingiera en exceso. Y eso es algo que puede verse como consecuencia de un mal uso de los preparados con suplementos de vitaminas, que en algunas ocasiones se usan de forma inadecuada, dándolos sin necesidad o en una cantidad excesiva, a pesar de las precauciones que se señalan en los prospectos.

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Prevención del síndrome de muerte súbita del lactante.

El síndrome de muerte súbita del lactante (o SMSL) consiste en la muerte brusca e inesperada de un lactante sano, sin ninguna causa conocida que la justifique. Aunque por fortuna es un cuadro muy poco frecuente, desgraciadamente aún sigue existiendo. En muchas ocasiones se relaciona con los episodios aparentemente letales o apneas del lactante, y aunque la aparición de estos no tiene por qué predisponer expresamente a un SMSL, normalmente la aparición de estas apneas obliga a descartar factores de riesgo o problemas de fondo que puedan predisponer a un SMSL. Este cuadro más frecuente entre el segundo y el cuarto mes de vida, en los varones y especialmente por la noche. Es raro verlo en lactantes mayores de seis meses y excepcional por encima del año de vida. Son de mayor riesgo aquellos niños con patologías añadidas o que hayan tenido un hermano anterior con un cuadro de muerte por este motivo. Por fortuna, parece que existen una serie de factores que pueden ayudar a reducir la posibilidad de su aparición, por lo que es muy importante conocerlos.

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Hemofilia en niños.

Para que se produzca la coagulación de la sangre, necesaria entre otras cosas para tapar heridas y abortar sangrados, son necesarias una serie de sustancias presentes en la sangre, denominados factores. Pues bien, en la hemofilia —una enfermedad que también padecen los niños— hay déficit de uno de estos factores. En la Hemofilia A, la más frecuente, el factor afectado es el factor VIII, y en la Hemofilia B (menos frecuente) el factor IX.

Por qué se produce
La hemofilia es una enfermedad genética ligada al cromosoma X, lo que genera que las mujeres son portadoras, es decir, no padezcan la enfermedad. Pero sí pueden padecerla el 50% de sus hijos (mientras que el 50% de sus hijas serán portadoras). En el caso de un hombre con la enfermedad, sus hijos serán sanos pero el 50% de las hijas serán portadoras. En cualquiera de estos casos suele haber antecedentes conocidos de hemofilia en la familia. Aún con esto existen casos que son mutaciones nuevas en el niño, por lo que no existen antecedentes familiares de hemofilia.

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¿Vacunas? Tú decides. Pero infórmate antes.

Sé que existe una corriente antivacunas. Sé que las vacunas no son obligatorias. Y sé que en la última década se ha perdido confianza en nuestra sociedad en general y en nuestro sistema sanitario en particular. Y sé que, como consecuencia de ello, hay quienes optan, debido a esa falta de confianza en nuestra sanidad y nuestro entorno, por no vacunar a sus hijos. Pues bien, las decisiones, y sobre todo las que son tan importantes como esta, han de tomarse con toda la información posible.

Por eso, en este post —que es un extracto de mi próximo libro de pediatría para padres— explico de forma desenfadada y cercana —pero científicamente precisa— qué son las vacunas, qué importancia poseen, qué puede suceder si no vacunas a tu hijo, y un aspecto esencial: cuál es la seguridad de las vacunas. Espero que esta información ayude a tomar decisiones sensatas, que de verdad piensen en el bienestar de nuestros hijos.

¿Qué son las vacunas?
Pues es bastante sencillo: unas sustancias que hacen que el organismo de los bebés —especialmente durante los dos primeros años de vida— desarrollen defensas ante infecciones graves. Infecciones que matan. Infecciones que hacen mucho daño. Sí, sé que muchas de estas enfermedades son poco frecuentes en la actualidad, pero esto es así porque se vacuna frente a ellas. Y un niño no vacunado estará expuesto a ellas, aunque se vean menos. Y no hablo de catarros precisamente, sino de poliomielitis, hepatitis, tos ferina, neumonías o meningitis, entre otras.

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Aumento del bazo (esplenomegalia) en niños.

La esplenomegalia es el aumento de tamaño del bazo, un órgano relacionado con el sistema inmunológico y que se localiza en la parte izquierda del abdomen, junto al estómago, y que habitualmente no debe ser palpable, aunque a veces puede serlo sin que ello traduzca ningún tipo de problema o patología. Es más fácil palparlo cuanto más pequeño es el niño, de forma que se puede palpar hasta en un tercio de los recién nacidos, sin que suponga ningún problema.

Hay muchas causas que pueden producir un aumento de tamaño del bazo. Las más frecuentes son las infecciosas, sobre todo virus. Menos frecuentes son las anemias, como las beta talasemias. También se puede afectar si hay problemas en el hígado, enfermedades metabólicas o de otros tipos, como las autoinmunes. Mucho menos frecuente es la presencia de tumores.

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Mis libros de pediatría, gratis durante tres días.

Sé que el trabajo ha de ser remunerado. Dar tu trabajo gratis en realidad solo lo devalúa, por eso nadie debería trabajar gratis. Sin embargo, cuando uno realiza una labor médica, y además centrada en esos seres tan inocentes, alegres e indefensos que son los niños, es imposible no caer en ciertas tentaciones… como por ejemplo, dar tu trabajo gratis.

Amazon es una tienda, y como tal, no es especialmente amiga de lo gratuito. Y es lógico. Sin embargo, cuando publicas libros con ellos, bajo ciertas condiciones, tienes la opción de ofrecerlos gratis durante unos días cada varios meses. Y sinceramente, es complicado resistirse a algo así, sobre todo cuando los dos libros que tengo ahora mismo publicados de forma independiente, están centrados en algo tan sensible como son los niños.

Así que sí, a partir de este momento y durante tres días, puedes descargar para leer completamente gratis en tu Kindle, tablet, móvil, ordenador o donde quieras —Amazon tiene aplicaciones de lectura gratuitas para casi cualquier cacharro—, los dos libros que tengo publicados en esa tienda de forma independiente: la Guía de supervivencia para padres novatos, en la que aporto una serie de nociones elementales para los padres primerizos, y El niño ante la enfermedad, un texto donde afronto algo en lo que poca gente se detiene a reflexionar: qué sienten los niños cuando están enfermos y cómo afrontan su enfermedad.

Dos libros que creo que son esenciales para comprender un poco mejor a nuestros pequeños, ayudaros a vosotros con información útil y contrastada y, sobre todo, mejorar la salud en general. Y es que muchos consejos de los que doy para ellos, son perfectamente válidos para nosotros.

Si te gusta la iniciativa, ya puedes descargártelos gratis —ojo, solo durante tres días— y, mejor aún, enviarle este post o un mail o un aviso o un whatsapp o lo que quieras, a cualquier persona que conozcas que tenga hijos, para que se los descargue sin que le cueste un duro. Confío en que esa persona te lo agradezca. Y mucho. Y yo, a pesar de no haber ganado nada de esa descarga (legal, por cierto), también estaré feliz.

Niños que se quedan «privados» (o espasmos del sollozo).

Los espasmos del sollozo, conocidos de forma coloquial como «que el niño se queda privado», son episodios en los que un niño de corta edad se queda sin respiración durante unos instantes. Suelen verse entre los seis meses y los dos años de edad, aunque pueden suceder hasta los cuatro o los cinco años, eso sí, de forma cada vez más rara, pues a partir de esa edad deberían ser excepcionales. Parece que su origen reside en una falta de maduración del sistema nervioso, de forma que durante el llanto el niño hace una espiración forzada y deja de respirar durante unos instantes. Suele haber antecedentes familiares de estos cuadros de espasmos del sollozo.

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