Archivo de la categoría: Síntomas graves

Fiebre reumática en niños

La fiebre reumática es una enfermedad inflamatoria seria en la que lo característico es que puede afectar a corazón, articulaciones, sistema nervioso y la piel, que afortunadamente es poco frecuente en edad infantil. Suele darse más en niños de cinco a dieciocho años y parece que es un poco más frecuente en climas fríos y húmedos.

Suele aparecer tras una infección de la garganta por un germen denominado Streptococo del grupo A, que típicamente se suele ver unas semanas antes de empezar el cuadro de fiebre reumática. El verdadero riesgo ocurre cuando se padecen brotes repetidos por este germen que no reciben tratamiento o el que reciben no es de forma adecuada. Los casos que son correctamente tratados con el antibiótico adecuado y que eliminan el streptococo de la garganta suelen prevenir la aparición de la fiebre reumática.

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Vómitos persistentes en el recién nacido o estenosis hipertrófica de píloro

La estenosis pilórica o estenosis hipertrófica de píloro es una patología que suele afectar a recién nacidos con pocas semanas de vida, en los que existe una obstrucción a la salida del estómago que genera un cuadro de vómitos bruscos y persistentes que de forma típica se producen justo tras las tomas. La obstrucción de la salida del estómago se produce por un crecimiento excesivo de las fibras musculares de esa zona. Este engrosamiento impide que el alimento pase desde el estómago del niño al intestino, lo que hace que sea expulsado en forma de vómitos bruscos tras las tomas.

Suele existir un componente genético que predispone a padecer este cuadro y en ocasiones se asocia con otras malformaciones del esófago o de la boca. Es raro que se presente en lactantes mayores de seis meses, pero los profesionales lo sospechan siempre que aparezcan los síntomas típicos, ya que el tratamiento no se puede demorar. En este post se explican los síntomas que hacen sospecharla y, además de cómo se diagnostica y se trata, se detallan las complicaciones que pueden surgir en caso de que el cuadro evolucione.

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Apneas del lactante o episodio aparentemente letal

El llamado episodio aparentemente letal, también conocido como apnea del lactante, consiste en cuadros en los que el lactante realiza pequeñas pausas respiratorias, de unos cinco a quince segundos, que llaman mucho la atención ya que puede presentar cambio de coloración en el que la piel puede adquirir un tono azulado o pálido, un mal tono muscular y un mal aspecto en general. A veces el niño puede presentar movimientos de extremidades que son percibidos como alarmantes por los padres, que tienen la sensación de que el niño parece que se está muriendo. Es, por lo tanto, un cuadro bastante llamativo y que puede generar una considerable alarma, bastante justificada, en el entorno familiar. Sin embargo, y a pesar de la sensación de enorme gravedad que producen, estos episodios duran poco y el niño se recupera tras ellos. En todo caso y ante la presencia de uno siempre se debe acudir a un servicio de urgencias.

Estos episodios no suelen ser letales a pesar de su apariencia, pero es cierto que podrían estar relacionados con el Síndrome de muerte súbita del lactante. Los episodios aparentemente letales son más frecuentes que los de muerte súbita, se ven en niños de menor edad y predominan durante el día, mientras que los episodios de muerte súbita suelen ser nocturnos. En este post se explican una serie de aspectos que nos ayudan a conocer mejor los episodios aparentemente letales.

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Epilepsia en niños (II): situaciones especiales.

La epilepsia es un proceso en el que se produce un aumento de la actividad eléctrica en ciertas neuronas cerebrales, que pueden desencadenar los ataques o crisis de epilepsia. Para catalogar a un niño como epiléptico debe tener estos ataques de forma repetida. En general el seguimiento se realiza entre varios profesionales y la repercusión en el niño varía mucho según el tipo y grado de epilepsia que padezca.

Situaciones especiales en el niño epiléptico
En los niños con epilepsia conviene prestar atención a una serie de situaciones que pueden ser algo más complejas en relación a su manejo. Entre ellas están las enfermedades severas, las intervenciones quirúrgicas o las vacunaciones, por ejemplo. También es útil conocer qué hacer en situaciones de vómitos, presencia de crisis aisladas o descompensadas, o saber cuándo se debe acudir a urgencias con un niño con epilepsia.

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Enfermedad de Crohn

Tanto la colitis ulcerosa como la enfermedad de Crohn forman parte del grupo de las enfermedades inflamatorias intestinales. La enfermedad de Crohn se caracteriza por una inflamación que puede afectar a cualquier porción del aparato digestivo, desde la boca hasta el ano. Parece que se produce por factores genéticos que podrían desencadenar la enfermedad en presencia de otros factores externos como ciertas infecciones, algunos hábitos alimenticios o la flora bacteriana propia del niño. En cuanto al componente genético o hereditario, es fácil encontrar antecedentes de esta enfermedad en los familiares del niño que la padece.

Estos factores externos lo que hacen es desencadenar un cuadro de inflamación que puede extenderse por parte o por todo el intestino, afectando de forma indistinta a intestino delgado y grueso, aunque las zonas que más se suelen afectar son la parte final del intestino delgado y la parte inicial del intestino grueso, situada a continuación. Lo típico es que se afecten zonas en forma de parches o segmentos de forma que hay zonas afectadas junto a zonas sanas. Es frecuente que se produzcan también abscesos o fístulas.

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Colitis ulcerosa en niños

La colitis ulcerosa, junto con la enfermedad de Crohn, forman parte del grupo de las denominadas «enfermedades inflamatorias intestinales» o «EII». La colitis ulcerosa se caracteriza por una inflamación que ocurre en forma de episodios repetidos y que se localiza en el intestino grueso, que es la parte final del aparato digestivo.

No se conoce cuál es la causa que provoca esta enfermedad de origen inflamatorio, aunque parece que es una combinación de factores genéticos que podrían desencadenar la enfermedad en presencia de otros factores externos. Entre estos últimos están ciertas infecciones o algunos hábitos alimenticios. Estos factores, internos y externos, lo que hacen es desencadenar un cuadro de inflamación en el intestino grueso que afecta al tramo final, el recto y que puede extenderse por una parte o bien por todo el intestino grueso, lo cual es lo más frecuente en la edad infantil. No afecta al intestino delgado.

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Asma en niños (II): cómo se trata

El objetivo del tratamiento del asma en los niños es conseguir que la inflamación pulmonar disminuya para que se produzcan menos episodios de obstrucción y de menor repercusión. Para ello se suele realizar un tratamiento de base y, si se presentan crisis, se tratan de forma específica.

La mayoría pueden tratarse en el domicilio pero los casos moderados o severos pueden necesitar acudir al hospital. Lo ideal es conseguir que el niño lleve una vida lo más normal posible, para lo cual es ideal que no tenga síntomas y reducir el riesgo de padecer episodios. Existen protocolos internacionalmente aceptados para el tratamiento del asma, aunque este es individualizado. Se suelen realizar controles periódicos frecuentes hasta que el niño tenga un buen control de forma que luego necesite menos revisiones. En estas se valoran el número de episodios, la gravedad, las veces que ha necesitado medicación y la afectación de la calidad de vida del niño.

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Asma en niños (I): qué es y qué síntomas produce

El asma es una enfermedad respiratoria que se produce por una inflamación crónica de los pulmones. Esta inflamación genera episodios, llamados exacerbaciones o ataques agudos en los que se genera una obstrucción a la salida del aire de los pulmones.

Estos episodios se dan como respuesta a un estímulo que los desencadena y son reversibles por definición. Es la principal enfermedad inflamatoria crónica en la infancia, puede verse en un 17% de la población infantil. Dentro del asma existen varios grados de afectación aunque la mayoría de los niños que lo padecen pueden hacer vida prácticamente normal, guardando una serie de normas elementales. Pero un 25% de los casos pueden ser moderados o graves y son más complicados de manejar.

La mayoría de los casos empiezan a verse en niños menores de seis años y en muchos de ellos los síntomas mejoran con el tiempo. Uno de los mayores problemas del asma es que puede afectar a la vida normal del niño, produciendo incluso absentismo escolar importante en los casos moderados o graves no bien controlados. El mayor riesgo en el asma en los niños más pequeños es que no se diagnostique ya que los síntomas a veces pueden pasar sorprendentemente desapercibidos.

Es importante destacar que se distinguen dos tipos de asma infantil. Uno de ellos es propio de niños más pequeños y genera sibilancias recidivantes, es decir, episodios de pitos que se suelen desencadenar en relación a infecciones respiratorias. El otro tipo es el asma crónico, típico de los niños en edad escolar y adolescentes y, en algunos casos, toda la vida.

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Prevención de ahogamiento en niños

El ahogamiento o las lesiones por inmersión se producen cuando un niño no puede respirar al estar sumergido en un líquido. Las lesiones por ahogamiento por desgracia son frecuentes en la infancia y más en la época de verano.

El mayor problema reside en que en pocos minutos se pueden producir lesiones severas en el pulmón o en el cerebro, así que la mejor opción siempre es prevenir el cuadro. Cuando se produce, lo único que puede mejorar el pronóstico es realizar las maniobras de reanimación lo más rápido posible y que los servicios de emergencias actúen. Las lesiones por inmersión son peligrosas y por eso es tan importante prevenirlas. En este post se explican las principales características y sobre todo cómo tratar de evitarlas.

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Agresividad en la infancia

La agresividad es una actitud preocupante a cualquier edad que puede acarrear numerosos problemas al niño y a su entorno cercano, sobre todo su familia. Sin embargo, se puede considerar como normal en una etapa concreta del desarrollo.

Casi todos los niños son agresivos alrededor de los dos años ya que no responden bien a las frustraciones, como sucede por ejemplo cuando se les regaña por algo. El problema de la agresividad en la infancia, cuando no remite, es que los padres o la familia tienden a pensar que la maduración del niño solucionará este problema por sí solo, algo que no suele ocurrir. Y en caso de permitir que evolucione, esa agresividad aceptable a los dos años puede transformarse en una agresividad más seria, y por lo tanto peligrosa, a partir de los cuatro.

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