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Alimentación en la edad escolar

La edad escolar en general es aquella que está comprendida entre los cinco y los doce años y la alimentación en esta etapa tiene una serie de peculiaridades en cuanto a las necesidades de nutrientes para el desarollo, el crecimiento y por supuesto el ejercicio físico y su actividad intelectual.

El aporte calórico debe ser adecuado a la edad y la actividad del niño pero vigilado con especial atención con el fin de evitar la obesidad infantil, un problema creciente en nuestra y más en este rango de edades. Las calorías no pueden ser las mismas para un niño de cinco años con poca actividad que para uno de doce que entrene baloncesto a diario. Pero además hay que recordar que las calorías no lo son todo, pues hay alimentos con bajo valor nutricional como los refrescos azucarados y otros que sin embargo tienen un elevado valor nutricional, como el aceite de oliva, a pesar de tener este el doble de calorías por gramo que un refresco de cola, por ejemplo.

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Bulimia nerviosa en la infancia

La bulimia nerviosa es un cuadro psicológico alimentario muy frecuente en la adolescencia y sobre todo en los países desarrollados. Es unas diez veces más frecuente que la anorexia nerviosa y tiene muchos aspectos en común con ella. Al igual que ocurre en la anorexia es más frecuente en mujeres adolescentes pero en este caso no es raro encontrarla en varones. Normalmente suele haber problemas de imagen o de identidad.

El adolescente con bulimia suele ser criticado por su peso incluso a veces en el seno de su propia familia. No es raro ver antecedentes de familiares con bulimia en las familias de los niños que la presentan. Hay dos formas: La impulsiva hace que el niño tenga los atracones como respuesta a un factor de estrés. La relacionada con las dietas genera los atracones que los adolescentes se dan para resarcirse de una dieta. El atracón genera un sentimiento de culpa y esto hace que de nuevo hagan dieta.

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Obesidad y sobrepeso

La obesidad y el sobrepeso son dos términos diferentes que  se suelen utilizar por parte de la población de forma indistinta en relación al problema que surge cuando hay un desequilibrio entre la ingesta de calorías y el gasto de estas, generando un acúmulo de grasa en el organismo.

Esto produce complicaciones tanto a corto plazo (exceso de peso, dificultad para la realización de ejercicio, asma) como a largo plazo (problemas cardiovasculares, exceso de colesterol y en general acortamiento de la esperanza de vida). En algunos países desarrollados la obesidad infantil se está convirtiendo en un serio problema y por eso es fundamental actuar desde edades muy tempranas, ya que el mayor problema de un niño obeso es que de adulto lo seguirá siendo en un 85% de los casos. La obesidad en los padres es uno de los factores que más se suele relacionar en los niños con sobrepeso.

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El niño que no come. Anorexia simple.

La anorexia simple o infantil es la falta de hambre o apetito, y generalmente se produce de forma normal en casi todos los niños a partir de los 15-18 meses de edad. Generalmente se debe a que sus necesidades energéticas se reducen considerablemente con respecto a la etapa anterior, aunque a veces se produce en niños con exceso de grasa porque han tenido un aporte energético excesivo previo. En otras ocasiones se asocia con cuadros de estrés en niños algo mayores. Y en muchos casos se produce de forma selectiva frente a determinados grupos de alimentos, como las frutas o las verduras, normalmente en edad preescolar.

En este post se explican los síntomas que pueden verse y las complicaciones que podría generar este cuadro. También se dan una serie de nociones y consejos sobre cómo afrontarlo, cuando aparece y, sobre todo, cómo prevenirlo, totalmente o al menos en parte, con consejos sobre cómo aumentar la variedad de alimentos y flexibilizar las pautas de alimentación y comida de los niños.

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El niño que no come. Rechazo de la comida.

Casi todos los niños pasan por una etapa de rechazo de la comida. Esto se debe a varios motivos, pero uno de ellos, en el que nunca se suele caer, consiste en que vivimos en una sociedad «saturada» de trabajo, de estímulos y de prisas. Tendemos a actuar deprisa y a movernos sin parar. Tanto, que nos adelantamos a acontecimientos como el mero hecho de tener hambre. Los horarios rígidos hacen que comamos muchas veces de forma mecánica y repetitiva, incluso sin hambre, y a los niños les sucede exactamente lo mismo. Normalmente no se deja que los niños lleguen a tener hambre, obligándoles a comer, y ese es un factor que influye en que a la hora de comer solo les apetezcan determinados alimentos que les proporcionan mayor satisfacción o placer, como los dulces o los alimentos fritos o ricos en grasas, generalmente más sabrosos que las carnes magras o los vegetales.

En este post se comenta el cuadro de rechazo del niño a la comida, tan frecuente en nuestro medio, y que tantas consultas supone al pediatra. Se explica cómo la lactancia puede influir en el resto de las etapas alimentarias, por qué los niños no quieren probar nuevos tipos de alimentos y, lo más importante, cómo flexibilizar la actitud con ellos para conseguir vencer (aunque sea parcialmente) esa resistencia natural y tan frecuente.

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