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Meningitis en niños

La meningitis es una enfermedad muy temida a cualquier edad pero sobre todo en la infantil ya que, aunque la mayoría de los casos tiene buena evolución, existe riesgo de padecer un cuadro grave. Conocerla mejor es importante para poder prevenirla y para saber detectar sus síntomas de forma temprana, algo que sin duda contribuye a mejorar el pronóstico y puede ayudar mucho al niño que la padece.

La meningitis es una inflamación de las meninges, unas membranas que envuelven al sistema nervioso central, incluyendo al cerebro. Hay dos grandes grupos, las producidas por bacterias, que suelen ser las más graves aunque su presencia ha disminuido gracias a las vacunas, y otras que se denominan asépticas, que en teoría significa que no están producidas por un germen. Sin embargo, muchas de ellas están producidas por virus que no se pueden detectar.

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Infecciones graves (sepsis)

Las infecciones graves, también llamadas sepsis, son de las enfermedades más temidas de la edad infantil. Una infección grave se caracteriza por su rápida progresión y por las graves consecuencias que puede tener sobre el niño aun diagnosticándola y tratándola a tiempo. Como otras muchas patologías el resultado dependerá de la edad del niño, el germen productor y los síntomas con los que se inicie el cuadro.

Este cuadro se caracteriza por la presencia de un germen en sangre y por una respuesta inadecuada del organismo del niño, que puede presentar una temperatura alta (>38ºC) pero también baja (<36ºC), una frecuencia cardíaca y respiratoria aceleradas e importantes alteraciones de la analítica sanguínea, ya que en primeras fases puede haber una elevada respuesta del sistema inumne (defensivo) pero luego este se puede venir abajo, generando así un enorme riesgo para el niño.

En las primeras fases de gravedad lo que ocurre es que empiezan a fallar órganos. En su grado más extremo falla la circulación y es lo que se denomina «Shock séptico», un cuadro muy grave ya que el niño no es capaz de mantener unas tensiones arteriales adecuadas. Todo esto es lo que se pretende evitar cuando se tratan las infecciones con antibióticos o se dan consejos sobre los signos de alerta en recién nacidos y lactantes.

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Petequias en niños con fiebre

Las petequias son pequeños puntos de color violáceo que aparecen en la piel del niño. Realmente son microhemorragias que pueden aparecer por traumatismos, presión sobre la piel, infecciones virales o bien en el contexto de infecciones bacterianas graves. Por eso siempre se consideran un posible factor de riesgo cuando se asocian petequias y fiebre en niños de cualquier edad.

El problema de la presencia de petequias en un cuadro febril a cualquier edad es que pueden indicar gravedad. Esto es aún más cierto en los casos en los que el niño presenta mal color, tono muscular o sensación de enfermo, y es el motivo por el que se suele indicar que ante un cuadro de fiebre y petequias el niño siempre sea valorado en un servicio de urgencias.

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Fiebre

La fiebre consiste en un aumento de temperatura corporal y es uno de los motivos más frecuentes de consulta ya que es un proceso muy habitual sobre todo en los primeros años de vida del niño.

La temperatura se regula en una zona del cerebro, que responde a los cambios de temperatura que se producen en la sangre y en receptores de temperatura de la piel. El organismo responde de múltiples formas a los cambios de temperatura (sudor, redistribución de sangre y líquidos, etc.).

El aumento de temperatura suele estar originado por la presencia en la sangre de unas sustancias denominadas «pirógenos», que en general proceden de los virus, bacterias o toxinas de estos que puedan circular por la sangre del niño. La temperatura del organismo varía a lo largo del día, de forma que a primera hora es cuando se tienen las temperaturas más bajas, mientras que a última hora de la tarde la temperatura media suele estar un grado más alta que por la mañana.

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Signos de alerta en recién nacidos y lactantes

Ante un recién nacido (edad inferior a treinta días de vida) o un lactante pequeño (los menores de un año) casi todo son dudas. Uno de los mayores temores consiste precisamente en que el pequeño pueda padecer una infección, desde un simple «resfriado» (que generalmente suelen ser los estornudos normales que tienen todos los recién nacidos) hasta un cuadro potencialmente serio, que generalmente se suele sospechar porque los padres notan al niño caliente. En este post se explica cuál es la temperatura normal de los recién nacidos y por qué no se deben abrigar en exceso, algo tan perjudicial como no abrigarlos en absoluto.

También se explica que es raro que un recién nacido tenga fiebre, por lo que se detallan los síntomas que sí pueden ser indicativos de una infección o un cuadro y, ante los cuales, siempre se debería acudir a un servicio de urgencias hospitalario.

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Fiebre sin motivo aparente

En la mayoría de los casos en edad infantil la fiebre, constatada con termómetro, suele tener un origen no grave y que se resuelve favorablemente. Sin embargo, hay ocasiones en las que la fiebre no muestra signos claros de cuál puede ser su origen, de forma que no se conoce la causa (o foco) de esa fiebre. Este problema es mayor en los lactantes, ya que a esta edad los niños suelen mostrar menos síntomas aunque el cuadro pueda ser paradójicamente más severo.

Por lo tanto se considera una fiebre sin foco como aquél cuadro febril en el que tras una exploración del niño y tras la realización de las pruebas que hayan podido ser oportunas, no se evidencia una causa para ese proceso febril. En este post se explican los diferentes grupos de edad en los que puede verse este cuadro y se hace una especial mención a los signos de gravedad, como las petequias.

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