Obstrucción del conducto lagrimal

La obstrucción del conducto lagrimal (también llamado lacrimonasal o nasolagrimal) consiste en un cierre total o parcial del sistema de drenaje lagrimal, que permite el paso de las lágrimas desde la superficie del ojo hacia el interior de las fosas nasales. Este conducto es el denominado lacrimonasal.

Puede verse al nacimiento, en niños que no tienen completamente abierto el conducto lacrimonasal al nacer. Es un cuadro relativamente frecuente aunque la mayoría son casos parciales o leves que se resuelven espontáneamente. En muchos de estos casos la causa es la persistencia de una pequeña membrana en la válvula de salida de la lágrima. Pero también se puede ver como consecuencia de infecciones u otros procesos que pueden afectar a este conducto, de forma que se generan cicatrices que pueden obstruirlo de forma parcial o total.


Qué síntomas produce
Los cuadros presentes al nacimiento (llamados congénitos) suelen presentar síntomas en las primeras semanas o meses de vida. Los principales síntomas son el lagrimeo constante y la aparición de secreciones, costras o legañas, sobre todo por la mañana, al despertarse el niño. Los cuadros que se adquieren de forma más tardía (como por infecciones) suelen producir episodios de dacriocistitis frecuentes (infección del conducto nasolacrimal).

Qué complicaciones puede producir
Si la circulación de la lágrima no es adecuada o no se produce, entonces el conducto se puede infectar, dando lugar al cuadro conocido como dacriocistitis, que puede ser aguda o crónica. También puede ser frecuente ver cuadros de conjuntivitis debido a la mala circulación de la lágrima por la superficie del ojo.

Cómo se diagnostica
Suele ser suficiente con los datos de la historia clínica (sobre todo para distinguir si el proceso es de origen congénito o adquirido) y la exploración del niño. En los casos dudosos o en los que se plantee tratamiento se puede hacer una sencilla prueba que consiste en administrar un determinado colirio que tiñe de color amarillo el ojo. Si el conducto es permeable el colorante desaparecerá y aparecerá por nariz. En caso de no desaparecer es que existe una obstrucción. Esta prueba solo se debe hacer en consulta y bajo supervisión médica, nunca por cuenta de los padres.

Cómo se trata
En los casos congénitos se suele recomendar la realización de masajes suaves. Si existe abundante secreción a veces se asocian tratamientos antibióticos en gotas con el fin de prevenir posibles infecciones secundarias. Si persisten más allá del año se suele plantear un tratamiento mediante sondaje del conducto nasolacrimal. En los casos en los que esta técnica no sea suficiente puede ser necesario el uso de tubos o incluso una intervención quirúrgica correctora, cuyo nombre técnico es la dacriocistorrinostomía. Esta cirugía se suele dejar para niños en edades más avanzadas (a partir de 4 años). En los casos en los que el cierre del conducto es adquirido, como suele ocurrir tras una infección localizada en esa zona, normalmente suele ser necesario la introducción del tubo o bien la intervención quirúrgica.

Qué pronóstico tiene
En general la inmensa mayoría de los cuadros congénitos se resuelven de forma espontánea o con medidas leves, como masajes. Sin embargo unos cuantos necesitrán intervenciones leves y otros tratamientos más complejos como la inserción de tubos o la realización de cirugía.
Los cuadros adquiridos por otros motivos suelen requerir tratamiento con tubos o quirúrgico.

Cómo prevenirlo
Los cuadros congénitos no se pueden prevenir, pero sí sospechar de forma temprana si existen antecedentes familiares y se presentan los síntomas. En esos casos el tratamiento precoz con masajes puede ayudar mucho a su recuperación. En los casos secundarios a otros procesos la única forma de prevenirlos es realizar un buen tratamiento del proceso que los puede generar, cumpliendo siempre los tratamientos indicados por el pediatra y manteniendo una adecuada higiene ocular.

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