Fimosis

La fimosis consiste en un estrechamiento en la parte final del prepucio (el prepucio es la piel que rodea el glande, la parte final del pene del niño), de forma que no es posible retraer éste ya que su orificio final es muy pequeño. Es muy frecuente en la edad infantil, más en niños más pequeños, de forma que está presente de forma natural en casi todos los recién nacidos. Con la edad su incidencia va disminuyendo, de forma que es muy poco frecuente a partir de los 3 años.

La mayoría de los casos son considerados fisiológicos, es decir, normales, y desaparecen antes de los 5 años. Hay casos en los que esta fimosis fisiológica persiste más allá de los 5 años o bien casos en los que se producen fimosis como consecuencia de infecciones o retracciones prepuciales forzadas, que producen inflamación, adherencias y posteriormente fimosis por estrechamiento de la parte final del prepucio.

Por qué se produce
A veces el prepucio no puede retraerse fácilmente porque el niño lo que tiene son las conocidas como adherencias balanoprepuciales. Estas adherencias son frecuentes, normales y se suelen resolver espontáneamente con el paso del tiempo.

En otras ocasiones lo que ocurre es que existe un frenillo balanoprepucial corto, que dificulta la retracción del prepucio y que de hecho puede doler bastante en las erecciones en el niño adolescente. Por este motivo se debe intervenir en los niños, antes de que alcancen la adolescencia.

Qué síntomas produce
Los casos fisiológicos no suelen producir ningún tipo de síntomas, salvo la presencia de la propia fimosis, que además lo normal es que se vaya resolviendo con el tiempo. En los casos en los que el prepucio está más cerrado puede que sea complicado mantener una buena higiene de la zona, por lo que a veces se producen retenciones de secreciones en la zona o incluso se forman pequeños quistes, generalmente a partir de esas mismas secreciones retenidas.

Qué complicaciones puede producir
En los casos en los que la fimosis es importante sí pueden aparecer síntomas como retención de orina e infecciones frecuentes, además de irritación por la retención de orina y las infecciones. También puede producirse dolor con las erecciones en el caso de los adolescentes. En estos casos, sobre todo si evolucionan en el tiempo, es más frecuente plantearse tratamiento.

Cómo se diagnostica
El diagnóstico es fundamentalmente clínico y se basa en la exploración. El pediatra completará la historia clínica con los datos relevantes a la hora de plantearse posibilidades terapéuticas y sobre todo enfocada a la recogida de posibles complicaciones. Además del diagnóstico el pediatra realizará un seguimiento del cuadro para apreciar la evolución.

Cómo se trata
La mayoría de los casos son fisiológicos y por lo tanto se resuelven de manera espontánea con el paso del tiempo, siendo lo normal que antes de los 5 años haya desaparecido casi por completo. No se debe forzar la retracción del prepucio ya que esta puede generar irritación, inflamación y aparición de adherencias que favorezcan la formación de fimosis, paradójicamente. Sí se debe mantener una buena higiene de la zona y se puede retraer el prepucio, durante el baño, de forma leve y suave, sin forzar ni hacer daño nunca.
Parece que el uso de determinadas cremas con corticoides puede favorecer la desaparición de los casos leves, pero no está del todo claro. En general se suele hacer una prueba con ellas durante al menos un mes antes de plantearse la cirugía. A veces, más que el efecto de la crema, lo que ocurre es que los padres se conciencian del riesgo de la cirugía y realizan las maniobras de retracción con mayor interés que anteriormente.
En los casos en los que persiste o bien es importante y el tratamiento es quirúrgico. Aunque es una operación sencilla hay que tener en cuenta que puede tener algunos riesgos y complicaciones, aunque no son habituales. Está indicada en los casos más complicados en los que la fimosis es muy cerrada, se dificulta el poder orinar y se producen infecciones repetidas, que pueden tener riesgo incluso para el aparato renal del niño.
Normalmente se realiza entre los 5 y los 10 años, aunque se empieza a plantear esta posibilidad a partir de los 3 años en función de la evolución del niño, y casi a cualquier edad si el niño tiene cuadros de infecciones repetidas o severas con posible afectación renal.

Qué pronóstico tiene
En general bastante bueno ya que la mayoría revierte espontáneamente. En los casos subsidiarios de cirugía el pronóstico en general es bueno y una vez realizada además permite una mejor higiene de la zona, con lo que se reducen en gran medida las posibles complicaciones. La cirugía puede tener riesgos y complicaciones, aunque por lo general estos son poco frecuentes, deben valorarse por parte de la familia a la hora de plantearse la cirugía.

Cómo prevenirlo
No se debe forzar la retracción del prepucio ya que esta puede generar irritación, inflamación y aparición de adherencias que favorezcan la formación de fimosis, paradójicamente. Sí se debe mantener una buena higiene de la zona y se puede retraer el prepucio, durante el baño, de forma leve y suave, sin forzar ni hacer daño nunca, ya que se puede producir una parafimosis.

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2 pensamientos en “Fimosis

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