Tics

Los tics consisten en movimientos rápidos, repentinos y estereotipados, de determinados grupos musculares, normalmente de forma involuntaria y que suelen verse sobre todo en cara y cuello, tronco y manos.

No suelen tener un ritmo claro y pueden producirse en cualquier grupo muscular. Son un motivo de preocupación y de consulta frecuente. Normalmente los tics se suelen controlar si el niño se esfuerza en hacerlo y además no se presentan cuando está dormido o relajad, y son más frecuentes cuando el niño está nervioso o cansado.

Estos aspectos son importantes ya que ayudan a distinguirlos de otros tipos de cuadros que pueden producir contracciones musculares, como por ejemplo ciertos tipos de epilepsia que se le pueden parecer. Otro dato que ayuda es que el niño es plenamente consciente de los tics mientras que en el caso de la epilepsia lo normal es que pierda el conocimiento (aunque sea unos segundos) y luego no recuerde las contracciones.


Qué síntomas producen
Pueden ser simples (un solo grupo muscular) ó más complejos (movimientos más complejos que afectan a múltiples músculos). Cuando producen sonidos suelen ser por carraspeo ó gruñidos. En casos más complejos el niño puede incluso decir palabrotas como resultado del tic.
Típicamente los tics empeoran cuando el niño está nervioso y mejoran mucho cuando está relajado o realiza ciertas actividades que le distraen. También disminuyen si el niño está concentrado en una actividad en concreto. Apenas se notan durante el sueño.
Los cuadros más simples consisten en contracciones de grupos musculares aislados que aparecen en niños de entre 4 y 9 años. Pueden durar desde unas pocas semanas hasta varios meses. Los crónicos son aquellos que duran más de un año, que de hecho se pueden prolongar hasta la adolescencia o incluso la vida adulta.
Hay casos en los que se producen cuadros característicos como el Síndrome de Gilles de la Tourette, síndrome de Sandifer o incluso cuadros de pseudocrisis epilépticas, pero afortunadamente estos son mucho más raros.

Cómo se tratan
En la mayoría de los casos no se requiere tratamiento ya que el niño acaba controlándolos perfectamente con el tiempo. Algunos casos sí se benefician de cierto apoyo psicológico, sobre todo cuando los tics dificultan que el niño pueda llevar una adecuada relación social con su entorno por sentirse molesto o avergonzado. En general suele ser útil ignorarlos sobre todo si son leves, que además no suelen requerir ningún tratamiento específico. Los casos en los que los tics son complejos o se prolongan durante mucho tiempo pueden beneficiarse del uso de determinados fármacos, como el clonacepam o la clonidina. Estos fármacos tienen efectos secundarios importantes, por lo que siempre deben ser pautados y controlados por el pediatra.

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Un pensamiento en “Tics

  1. Pingback: Síndrome de Gilles de la Tourette (tics y palabrotas) | No todo es pediatría

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