Tos ferina (y cuadro pertusoide)

La Tos Ferina es un cuadro infeccioso caracterizado por accesos de tos severos. El agente productor es una bacteria denominada Bordetella pertussis, que se contagia a través de las secreciones respiratorias de niños o adultos que padecen la enfermedad.

En muchos casos el origen de los casos son adolescentes y adultos ya que la inmunidad que genera la vacuna va decayendo con el tiempo y en los niños mayores puede aparecer como un cuadro catarral más. Es muy contagioso y es una enfermedad frecuente en los niños pequeños: la mayoría de casos se ve en los menores de cinco años, especialmente en los primeros meses de vida.

En muchos casos se producen cuadros «leves» o formas atípicas, que se denominan cuadro pertusoide. Esto se debe en gran parte al uso de la vacuna, que protege a los niños a los que se le ha puesto. Sin embargo, incluso estos cuadros más leves pueden suponer un problema en el caso de que se den en lactantes, sobre todo si son de corta edad (especialmente los menores de un año de vida).

Qué síntomas produce
Lactantes: En estos niños el cuadro puede ser más severo ya que además de los episodios de dificultad respiratoria propios de los niños en edad escolar (que son más intensos y peligrosos en los lactantes) produce problemas para alimentarlos, por los vómitos. Estos niños deben ser vigilados de forma muy intensa y en caso de duda acudir siempre a un servicio de urgencias para su valoración.
Niños en edad preescolar y escolar: Primero el niño pasa por una fase previa de hasta dos semanas en la que ya es contagioso y donde los únicos síntomas son los habituales de un cuadro catarral.
Posteriormente viene la denominada «Fase de estado», que puede durar hasta 4 semanas y en la que aparecen los síntomas más característicos de esta enfermedad, que son los accesos de tos: estos van aumentando en intensidad y frecuencia conforme evoluciona la enfermedad y se pueden desencadenar por cualquier motivo.
Estos accesos de tos empiezan con una inspiración profunda que se sigue de hasta 20 golpes de tos seguidos que pueden llegar a hacer que incluso el niño se congestione al no poder respirar adecuadamente, de forma que puede ponerse de color azulado por falta de oxígeno en la sangre.
Al final de las sacudidas de tos se produce el conocido como «gallo», un ruido muy típico que solo está presente en los niños mayores ya que los más pequeños no tienen fuerza para producirlo. En estos lo que puede ocurrir es que al final del episodio de tos el niño termine vomitando. Es raro que el niño presente un cuadro de fiebre típico.
Tras estas 4 semanas viene un periodo en el que desaparecen los síntomas de forma gradual. Primero lo hacen el estridor y los vómitos y luego van disminuyendo en número y en intensidad los accesos de tos.
Adolescentes: Ya han sido vacunados por lo que pueden presentar cuadros de tos continua pero más leves y que duran menos tiempo por lo que no hacen pensar en este diagnóstico.

Qué complicaciones puede producir
Respiratorias: se puede complicar con nuevas infecciones como neumonía o afectación del tejido pulmonar.
Neurológicas: existe una afectación nerviosa rara que puede cursar con adormecimiento y hasta convulsiones. Es poco frecuente pero más a tener en cuenta en los niños más pequeños.
En los lactantes y niños pequeños es importante consultar siempre e ir revisándolos ya que los cuadros de dificultad respiratoria pueden ser severos, por lo que no es raro que requieran ingreso. Algunos puede que necesiten tratamiento de soporte y vigilancia incluso en la UCI Pediátrica ya que los cuadros de cianosis tras los episodios de tos pueden ser bastante severos.

Cómo se diagnostica
Cuando se presenta el cuadro clínico completo con los accesos de tos y el sonido de «gallo» es fácil de diagnosticar. El problema reside en las presentaciones atípicas, propias de adolescentes o de niños pequeños como los lactantes, donde además la tos ferina puede entrañar más riesgo por las crisis de dificultad respiratoria que producen los accesos de tos.
Es muy importante aportar todos los datos posibles al pediatra durante la realización de la historia, como la presencia de accesos de tos, fiebre, cambios de coloración, gallo ó vómitos tras los accesos. En la exploración el pediatra buscará datos que apoyen el diagnóstico o descarten este u otros procesos. A veces es útil realizar una analítica aunque tampoco es definitiva.
Para el diagnóstico exacto se suele requerir un cultivo con resultado positivo frente al germen. Este cultivo se hace recogiendo muestras de nariz y garganta del niño (con cuidado para no desencadenar un episodio de tos) y lo ideal es recogerlo pronto y siempre antes de iniciar el tratamiento con antibiótico.

Cómo se trata
El principal problema de esta enfermedad son los accesos de tos, que pueden comprometer la respiración del niño pequeño y del lactante sobre todo. Por eso lo principal es que el niño esté en un ambiente tranquilo y agradable, protegido de estrés y de sobresaltos. Es importante que coma y beba de forma adecuada pero poco a poco para no desencadenar un episodio de tos por forzar al niño de más.
Hay ocasiones en los que el niño podrá ser ingresado, como ocurre en los casos más severos y en los niños más pequeños, especialmente en los lactantes menores de seis meses, que son los que más riesgo tienen. En ocasiones puntuales puede que hasta sea oportuno que el niño ingrese en la UCI Pediátrica en función de lo severas que sean las crisis de tos.
Para eliminar el germen se utilizan antibióticos como la eritromicina y similares, que mejoran en conjunto el los síntomas y acortan las fases de la enfermedad. A la semana de iniciado el tratamiento antibiótico se considera que el riesgo de contagio es bajo.
A veces se utilizan otras ayudas como broncodilatadores para permitir una mejor ventilación pulmonar o incluso sedaciones suaves para que el niño pueda dormir por las noches.
Lo que no parece que ayuden son los fármacos para la tos ó los expectorantes.

Qué pronóstico tiene
El pronóstico es bueno con tratamiento adecuado. En los lactantes y niños pequeños es importante consultar siempre e ir revisándolos ya que los cuadros de dificultad respiratoria pueden ser severos, por lo que no es raro que requieran ingreso.

Cómo prevenirlo
La única forma de prevenirlo es aislar adecuadamente a los niños enfermos hasta que completen una semana de tratamiento antibiótico. Existe vacunación pero su inmunidad va decayendo con el tiempo. Ante un niño enfermo puede ser oportuno que los familiares y los compañeros de colegio o guardería reciban medicación para prevenir su aparición. La indicación, como siempre, debe hacerla el médico o pediatra.

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