La guardería

Las guarderías forman parte del entorno escolar del niño y en los últimos años su importancia se ha incrementado pues se ha adelantado la edad de ingreso debido a las exigentes condiciones del mercado laboral o a las necesidades de los padres. La importancia de las guarderías reside en que no se limitan a cuidar de los niños sino que empiezan a educarlos, formarlos y controlan que su desarrollo psicomotor sea el adecuado para su edad.

Ventajas de llevar el niño a la guardería
Al estar en contacto con otros niños de su edad el pequeño mejora su socialización y aprende a convivir, compartir y relacionarse. También les sirve para reconocer nuevas formas de autoridad que no sean solo sus padres. Permite detectar pequeñas alteraciones del desarrollo psicomotor del niño ya que al estar con niños de edad similar es fácil para las cuidadoras encontrarlas ya que están formadas para ello y por simple comparación con el resto. También permite a los padres realizar otras actividades con mayor libertad.


Problemas que pueden surgir
Uno de los motivos más frecuentes de consulta relacionados con la asistencia a guarderías es preguntar si es malo que un niño adquiera procesos catarrales repetidos. Esto es normal ya que los niños pequeños tienen un sistema defensivo inmaduro y al convivir con otros niños de edad similar comparten gérmenes con facilidad. Estos cuadros catarrales no suelen ser un excesivo problema salvo por las incomodidades que pueden generar en el entorno familar. Sin embargo sí es importante valorarlos en niños que puedan tener problemas de fondo como determinadas enfermedades de base o crónicas como por ejemplo asma, problemas en el corazón o antecedentes de prematuridad. En estos casos el pediatra puede valorar el grado de conveniencia de llevar el niño a la guardería frente al riesgo de las infecciones que puede adquirir y sus potenciales complicaciones.

Otras enfermedades que los niños pueden contagiar con facilidad entre ellos son las diarreas o las viriasis en general. Y otro problema que presentan algunos niños son los conflictos o la aparición de agresividad con otros niños. Esto suele suceder si el niño es llevado más tarde que el resto o ha crecido en un ambiente con excesiva protección o bien tiene un carácter dominante. En la mayoría de los casos suele tratarse de algo transitorio y que no suele obligar a la exclusión del niño, pues termina adaptándose.

Cuándo puede seguir yendo un niño a la guardería
En general cuando padece procesos leves, con poca o ninguna fiebre o con síntomas de escasa relevancia, fáciles de vigilar y tratar, como por ejemplo la tos o la presencia de mocos sin síntomas de infección.

Cuándo se aconseja que no asista un niño a la guardería de forma temporal
Salvo en situaciones concretas, son los padres quienes deciden si llevan a su hijo a la guardería o no. En general se acepta que el niño no debería ser llevado si presenta fiebre o cualquier otro síntoma moderado o severo que dificulte su estancia en el centro, como por ejemplo cuadros que cursen con dolor, llanto o irritabilidad. Tampoco en los casos en los que el proceso sea muy contagioso, como las diarreas, o complicado de tratar porque el niño necesite bastante atención y vigilancia continua, como sucede por ejemplo en los cuadros de dificultad respiratoria o en los de vómitos.

Entre los procesos en los que no se debería llevar al niño a la guardería se encuentran la tuberculosis, las enfermedades infecciosas en la piel (el denominado impétigo), las faringitis de origen bacteriano, la tos ferina y las enfermedades en general consideradas como graves. Otros procesos en los que se debe evitar llevar al niño se encuentran los producidos por virus muy contagiosos como la varicela, la parotiditis o la bronquiolitis y que pueden contagiarse con facilidad y producir además cuadros con complicaciones.

Cuándo se podría excluir de forma definitiva a un niño de la guardería
La exclusión de un niño de la guardería es un tema bastante controvertido ya que es difícil determinar cuándo un niño debe dejar de ir a un centro donde las ventajas que obtiene son manifiestas, sobre todo en los casos en los que se impide al niño asistir y los síntomas son leves, o cuando los motivos de exclusión no están bien definidos.

Las exclusiones definitivas se pueden plantear en niños que puedan tener problemas de fondo severos como determinadas enfermedades de base o crónicas que puedan ser susceptibles de complicaciones si los niños padecen de procesos infecciosos repetidos. Esto puede verse en niños con asma, con problemas cardíacos o en antiguos prematuros, por ejemplo. En estos casos el pediatra puede ayudar a valorar la conveniencia de llevar o no el niño a la guardería por el riesgo de las infecciones que pueda adquirir y sus potenciales complicaciones.

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