Estreñimiento en recién nacidos y lactantes

El estreñimiento en los recién nacidos o en los lactantes (primeros meses de vida) es un cuadro muy frecuente, aunque este cuadro también puede verse en niños mayores. En los niños pequeños un estreñimiento puede esconder un proceso severo que, aunque por lo general es muy poco frecuente, en caso de presentarse en los primeros días de vida siempre debe ser un motivo de consulta y cuando menos de observación, ya que si persiste es posible que requiera de la realización de estudios. También es importante puntualizar el estreñimiento suele ser más frecuente en niños con lactancia artificial, ya que los niños con lactancia materna parecen tener deposiciones de consistencia más blanda durante las primeras semanas de vida.

Para definir un estreñimiento en un recién nacido o lactante lo importante no es el número de deposiciones al día. Un lactante, sobre todo de pocas semanas, puede hacer un número de deposiciones que pueden estar comprendidas entre una tras cada toma y una cada dos días. Lo normal es que los niños se sitúen en un punto intermedio entre ambas, con varias deposiciones al día.

Lo importante para valorar un cuadro de estreñimiento a esta edad es la consistencia de las deposiciones, más que la frecuencia. De esta forma deposiciones muy duras pueden ser consideradas como suficientes para al menos sospechar o tener en cuenta el cuadro. Algunas de las causas que pueden provocar esto son un enlentecimiento en el rimo intestinal o bien otros procesos como la presencia de fisuras anales. En muchos casos se denomina como «funcional», que significa que es un proceso normal dentro del desarrollo del niño y que se relaciona con parámetros como su ritmo intestinal o la alimentación.

Qué síntomas produce
Los síntomas más llamativos pueden ser un reducido ritmo de deposiciones o bien la presencia de heces de consistencia dura. Además puede que el niño acompañe otros síntomas en función de la causa que esté originando el cuadro, como dolor al defecar (que se traduce en llanto intenso) en el caso de fisuras (e incluso presencia de sangre roja en las heces); irritabilidad ó incluso vómitos y abdomen ensanchado en los casos en los que pueda haber una obstrucción total o parcial del intestino. En la mayoría de los casos el estreñimiento es funcional, es decir, no asociado a ninguna patología, por lo que el propio estreñimiento será el único síntoma evidente.

Qué complicaciones puede producir
Depende del proceso que lo esté causando. En la mayoría de los casos el estreñimiento será funcional, por lo que no esconderá ninguna patología. En los casos en los que sí hay un cuadro de fondo, las complicaciones posibles dependen de dicho cuadro.

Cómo se diagnostica
Son fundamentales la historia clínica y la exploración. En la primera es muy importante referir al pediatra todos los aspectos que pueda preguntar, generalmente orientados a la alimentación del niño y posibles antecedentes familiares de enfermedades que puedan estar relacionadas. En la exploración el pediatra tratará de obtener datos que permitan orientar o descartar procesos que puedan estar causando el cuadro del estreñimiento. En función de los datos obtenidos puede que sea necesario la realización de alguna prueba complementaria, sobre todo en el caso de que sospeche alguna potencial patología. Sin embargo esto no suele ser necesario en la mayoría de los casos.

Cómo se trata
En los casos en los que el estreñimiento es secundario a otro proceso, como una fisura, es fundamental el tratamiento del proceso. En los casos en los que el estreñimiento es funcional, en función de la edad del niño será más fácil o más complicado aplicar medidas que puedan ayudar a corregir el ritmo intestinal. Una de las más básicas y que se puede hacer a cualquier edad es aumentar el aporte de agua en cantidades moderadas, con el fin de hacer más fluidas las heces. Esta medida se debe aplicar con mayor prudencia cuanto más pequeño sea el niño, y siempre consultando antes con el pediatra.

En los lactantes con más semanas de vida se puede incrementar el aporte de hidratos de carbono, sobre todo en la forma de cereales, fruta y verdura, pero siempre proporcionando agua suficiente para que la fibra que contienen esos alimentos no espese demasiado las heces. Lógicamente los alimentos dependerán de lo que el niño esté tomando en función de su edad.

En general lo que no se suele recomendar es el uso de medicaciones como determinados jarabes, laxantes o incluso enemas. Estas medicaciones tienen importantes efectos secundarios, como alteraciones en el equilibrio de los electrolitos de la sangre. Pero uno de los más importantes es que el niño se puede acostumbrar a su uso, lo cual es absolutamente perjudicial porque no resuelve el cuadro en sí y además se incrementa el riesgo de aparición de otros efectos al usarlos con más frecuencia.

En caso de tener que utilizar algún jarabe o preparado se debe consultar siempre al pediatra y no hacerlo nunca por iniciativa propia o porque a otro niño le haya ido aparentemente bien.
En otros casos puede ser útil el uso de fórmulas de leche artificial denominadas «antiestreñimiento» o AE.

Qué pronóstico tiene
En general es bueno, ya que la mayoría son funcionales y suelen ceder con el paso del tiempo y los cambios de alimentación.

Cómo prevenirlo
Lo ideal es proporcionar al niño una dieta adecuada a su edad, con un correcto aporte de alimentos y agua, sobre todo en verano, para evitar el riesgo de potencial deshidratación y que se compacten en exceso las heces. Si el estreñimiento es muy evidente en los primeros días de vida del niño se debe acudir siempre al pediatra.

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2 pensamientos en “Estreñimiento en recién nacidos y lactantes

  1. clubmamas

    La lactancia materna contribuye a evitar el problema del estreñimiento del bebé. Los bebés que lactan de la madre evacúan con mayor frecuencia hasta alcanzar el mes o mes y medio.

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