En este vídeo se comparten aspectos importantes de un cuadro denominado prurigo, o lesiones en la piel acompañadas de intenso picor. Este cuadro es muy frecuente en pediatría, por lo que conviene saber por qué se produce y, sobre todo, cómo tratarlo.
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¿Qué es el prurigo?
El prurigo consiste en la aparición de pequeñas lesiones en la piel de los niños, que técnicamente se llaman pápulas. Estas lesiones normalmente son de color rojo, están ligeramente elevadas y pueden tener una pequeña vesícula similar a una gota de agua, por lo que a veces se confunden con otros cuadros, como la varicela. El prurigo suele causar picor, pero, a diferencia de la varicela, que es una infección, el prurigo se suele producir por una reacción de la piel a diferentes estímulos como picaduras de insectos, contacto con sustancias irritantes o algunos tipos de dermatitis.
¿Qué síntomas produce el prurigo en los niños?
El signo más visual del prurigo son las pápulas que aparecen en la piel, y cuyo aspecto a veces puede confundirse con pequeñas picaduras de insectos o incluso con las lesiones típicas de la varicela. Estas pápulas pueden estar agrupadas en una zona específica y, a veces, se pueden ver apreciar picaduras de insectos o enrojecimiento en la zona afectada. Además, las pápulas del prurigo producen un picor intenso, por lo que es habitual encontrar pequeñas heridas superficiales producidas por el rascado que se hacen los propios niños.
¿Cómo se diagnostica el prurigo?
El diagnóstico del prurigo en pediatría se basa en la historia clínica y en la exploración física del niño. El médico o el pediatra preguntarán sobre causas que hayan podido generarlo, como posibles picaduras, exposición a medicamentos o sustancias irritantes, como el propio sudor del niño, e incluso enfermedades recientes. También examinará la piel del niño para identificar el origen del prurigo, o si encuentra lesiones que expliquen su posible origen, como picaduras de insectos. Generalmente, no se requieren pruebas adicionales a menos que se necesiten para diferenciar el prurigo de otros cuadros.
¿Cómo se trata el prurigo?
El tratamiento del prurigo depende realmente de la gravedad de las lesiones, ya que estas a veces pueden complicarse. En los casos leves, que son la mayoría, se pueden usar antihistamínicos locales, por ejemplo, en pomada, junto con cremas hidratantes o de aloe vera para aliviar el picor. En los casos moderados, donde las lesiones son mayores y el picor intenso, se pueden aplicar cremas con corticoides, aunque estas conllevan algunos posibles efectos secundarios. En los casos más severos, que en pediatría son excepcionales, puede ser necesario el uso de corticoides por vía oral, fototerapia u otros medicamentos, siempre bajo la supervisión del pediatra o el dermatólogo, debido a los posibles efectos secundarios de todos estos tratamientos. El tratamiento también incluye identificar y tratar el origen de las lesiones, si es posible.
¿Se puede prevenir la aparición del prurigo?
Prevenir el prurigo puede ser difícil porque generalmente aparece como una reacción a otro proceso, que es el que realmente lo origina, como por ejemplo una picadura de insecto o el contacto con sustancias irritantes. Por eso, es importante llevar al niño al pediatra cuando aparezcan lesiones en la piel cuyo origen no esté claro, para que puedan ser evaluadas y tratadas, evitando así por ejemplo la aparición de heridas por rascado. La prevención implica intentar evitar la exposición a factores que pueden causar reacciones, como las picaduras de insectos o el contacto con sustancias irritantes.
En resumen…
El prurigo consiste en una erupción de la piel, en forma de pápulas, que produce un intenso picor, y que puede producirse por muchas causas. Es importante evitar la exposición a sustancias irritantes o insectos. Si aparece, lo normal es que sea leve, pero siempre se ha de consultar para valorarlo y descartar otros cuadros similares.
