Fracturas en la infancia

Las fracturas son lesiones en las que se altera la continuidad de los huesos. Hay muchos tipos y formas de producción de facturas, que además dependen en gran medida de la edad del niño.

Lo normal es que los lactantes y los niños en edad preescolar no tengan fracturas a pesar de que suelen sufrir a veces traumatismos de cierta consideración. En la edad escolar empieza a aumentar la incidencia, que llega a su máximo alrededor de la pubertad, para bajar de nuevo a partir de ahí. Las zonas que con más frecuencia se fracturan se localizan en los brazos: muñeca, mano y codo.

En este post se explica cómo se pueden producir las fracturas, los síntomas que pueden verse y, sobre todo, los diferentes tipos que existen en función de su gravedad o si son abiertas o cerradas, lo que indicará la rapidez de la atención que pueda necesitar el niño. También se comentan las diferentes posibilidades que existen con respecto al tratamiento, las complicaciones que pueden surgir (algunas de ellas pueden llegar a ser serias, como el síndrome compartimental) y por supuesto qué medidas se pueden tomar para intentar prevenir su aparición.

Por qué se producen
La causa más frecuente de las fracturas suele residir en un traumatismo fuerte. Puede ser un golpe directo o bien superficial, pero el nexo común es que el impacto es fuerte y produce intenso dolor en la zona. A veces las fracturas no tienen por qué producirse por un solo golpe, sino que pueden ser varios de intensidad moderada o muchos de baja intensidad (esto es más frecuente en niños ya mayores, o adolescentes). En otras ocasiones no se recuerda el traumatismo o no lo ha presenciado nadie.
En casos muchos más raros las fracturas pueden ser por otros motivos, como las de estrés o por enfermedades que producen pérdida de mineralización ósea. Son poco frecuentes en pediatría.

Qué síntomas producen
En general siempre debe sospecharse una posible fractura cuando un niño reciba un impacto fuerte, por lo que ante ese tipo de eventos se debe acudir siempre a un servicio de urgencias. Algunos de los datos que deben alertar de una posible fractura son las deformidades visibles, que el niño no pueda sujetar cosas con el miembro afectado, que se sujete un brazo con el otro, el dolor intenso en una zona ó un hematoma que se ha generado de forma rápida.

Cómo se diagnostican
El diagnóstico se suele basar en el antecedente del traumatismo (que no siempre existe o no ha sido presenciado), pero sobre todo en la exploración clínica. En ella el pediatra valorará el estado de la piel para ver si hay heridas (mayor riesgo de infección), posibles lesiones de arterias, venas o nervios (siempre de mayor riesgo) o lesiones de órganos que puedan estar cercanos. Las pruebas de imagen más utilizadas son las radiografías, que se piden en función de la zona afectada y de la presencia de síntomas o factores de riesgo acompañantes. A veces es necesario pedir la del miembro opuesto para poder compararlos, como por ejemplo si el traumatismo ha sido en una zona cercana al cartílago de crecimiento, donde es fácil que pase desapercibida.

Cómo se tratan
Tratamiento conservador (u ortopédico): se basa en la inmovilización y fijación mediante el uso de vendajes, escayolas, tracciones o materiales como collarines o corsés. Las tracciones pueden ser utilizando materiales externos o bien otros que atraviesan el hueso.
Tratamiento quirúrgico: se usa en los casos graves (grandes desviaciones), cuando hay lesiones importantes o de estructuras cercanas o bien en los que se sabe que la evolución no va a ser buena. Se suele reducir la fractura, examinar y limpiar la zona, y se colocan fijadores, que pueden ir dentro del hueso, clavados en el hueso o incluso clavados en el hueso y parte por fuera de la piel (fijadores externos).
Fracturas cerradas: lo primero suele ser inmovilizarlas con el fin de no aumentar la inflamación ni la posible hemorragia o lesión de estructuras vecinas, como arterias, venas o nervios. Muchas no requieren más tratamiento porque el pronóstico en general de los niños es bueno. Esta decisión debe tomarla siempre el traumatólogo.
Fracturas abiertas: estas deben ser atendidas de forma urgente en un centro de urgencias, donde se evaluará la herida y se explorará detenidamente, previo lavado y administración de antibióticos, ya que el riesgo de infección es enorme y potencialmente muy grave. Una de las prioridades de los profesionales será evaluar posibles daños de arterias, venas y nervios de la zona. Es posible, en función de los hallazgos, que el niño pueda necesitar cirugía urgente. A veces, para el tratamiento de las heridas puede ser útil el uso de preparados como Dermatix®, que ayudan a tratar y a prevenir la aparición de cicatrices grandes, o Mepiform®, que previene y reduce la aparición de cicatrices.

Qué complicaciones pueden producir
—El mayor riesgo de una fractura en un niño es que pueda afectar o dañar al cartílago de crecimiento. El problema de esto es que el cartílago se puede dañar seriamente y además la fractura puede no verse en las radiografías, ya que el cartílago de crecimiento es transparente en esta prueba. Las fracturas en estas zonas sí pueden producir deformidad, diferencias de tamaño en los miembros y problemas en las articulaciones cercanas. El mayor riesgo para sufrir fracturas de este tipo lo tienen los niños que están dando el estirón y los obesos, ya que las zonas de cartílago son más débiles y soportan peor la carga.
—El síndrome compartimental es poco frecuente pero es un cuadro muy grave. Se produce cuando una zona (suele ser una pierna) se inflama mucho y la inflamación queda comprimida en una región concreta. Esa compresión hace que la sangre no llegue bien, por lo que faltan nutrientes y oxígeno y se corre el grave riesgo de que se pueda necrosar (morir) el tejido afectado. A veces afecta a casi toda una pierna, por lo que es muy grave. Se detecta porque se inflama mucho (aunque si está vendado puede no notarse) y sobre todo porque produce un intenso dolor que aumenta al mover la zona. Ante un dolor que va en aumento en una zona vendada por una fractura se debe acudir siempre a urgencias de forma inmediata.

Qué pronóstico tienen
En general tienen buen pronóstico, sobre todo las que se producen en la mitad de los huesos largos, ya que aunque estén muy desviadas, con el crecimiento suelen progresar de forma muy favorable. Con tratamiento la mayoría evoluciona favorablemente, salvo las que se complican o de por sí son graves (como en los accidentes de tráfico).

Cómo prevenirlas
Es muy difícil ya que no se puede impedir que el niño juegue o realice ejercicio físico con sus compañeros. Sin embargo una serie de medidas ayudan a reducir considerablemente el riesgo de padecer una fractura: hacer un adecuado calentamiento, no jugar de forma violenta ni imprudente, que los niños estén siempre vigilados y que usen las protecciones adecuadas en función del juego o deporte que estén practicando.

Las fracturas son muy frecuentes en la infancia y en general el pronóstico es muy bueno. La prioridad reside en analizar cuándo una fractura puede ser potencialmente grave y en llevar siempre al niño a un servicio de urgencias. El primer tratamiento debe ser la inmovilización de la zona para que no aumente la inflamación, el dolor ni el daño de estructuras cercanas.

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