Desvaciones de la columna. Escoliosis y cifosis.

Las escoliosis y cifosis son desviaciones o deformidades de la columna vertebral que se producen en distintos planos, de forma que en la escoliosis la desviación se ve en el plano frontal (se ven de frente) y en la cifosis en el plano lateral (se ven de lado). Son frecuentes en pediatría y en función del grado de desviación y de las repercusiones que puedan producir se plantean tratamientos diferentes. Es más frecuente en niñas, sobre todo los procesos más severos, aunque no se sabe por qué. En la mayoría de los casos no existe una causa que explique el motivo de la desviación. Parece que existe un importante componente genético ya que suele haber antecedentes familiares.

Sí se conocen algunos factores que podrían estar relacionados con estos cuadros como fallos a nivel molecular del tejido conectivo (el que hace de sostén en el organismo), fallos a nivel neurológico como el equilibrio, que podrían favorecer las desviaciones, o incluso alteraciones hormonales que podrían influir en la adolescencia, época de una elevada velocidad de crecimiento. Cuando se desconoce el origen se denominan «idiopáticas».

Qué síntomas producen
Las formas infantiles, en niños menores de 3 años, son muy raras y en general evolucionan espontáneamente a la resolución; las juveniles sí que suelen progresar; las que se producen en niños preadolescentes y adolescentes son las más frecuentes. Se ven más en niñas y la evolución suele ser benigna. El síntoma principal es la evidencia de la desviación, que puede producir deformidad visible siempre o con la realización de ciertas maniobras. Las escoliosis idiopáticas no suelen doler, siendo la aparición de este síntoma un motivo de consulta.

Qué complicaciones pueden producir
Desviaciones excesivas pueden producir a la larga, y si no se tratan adecuadamente, alteraciones en la capacidad pulmonar, daño en las vértebras, afectación durante toda la vida y afectación estética de la persona, que puede inducir cuadros de baja autoestima, incluso con depresión.

Cómo se diagnostican
El diagnóstico se basa en la historia clínica, en la que es muy importante la cronología del proceso y sobre todo los posibles síntomas que puedan acompañar a la desviación. En la exploración el pediatra realizará varias maniobras en consulta destinadas a poner en evidencia la desviación y el tipo. Además buscará datos de otros procesos que puedan estar relacionados con el cuadro. Entre las pruebas complementarias las más habituales son las radiografías de columna completa para estudiar la desviación. En ellas se observa la relación de los huesos entre sí y se miden una serie de estructuras y ángulos. A veces puede ser necesario realizar otras pruebas, pero esto es muy poco frecuente y va dirigido sobre todo a la sospecha de procesos que puedan estar relacionados con la desviación.

Cómo se tratan
—En las curvaturas leves (<25 grados) en general se hace un seguimiento del niño. El seguimiento es más cercano cuanto más joven es el niño ya que tiene mayor riesgo de desviación y progresión de esta.
—En las curvaturas moderadas (25-45 grados) se suele hacer un seguimiento más intenso y en función de la edad. En los casos en los que los niños son jóvenes (menores de 10-11 años) se suelen plantear los tratamientos con corsés correctores, que se pueden llevar hasta completar la adolescencia. Los corsés suelen dar buen resultado cuando se utilizan de forma correcta (generalmente unas 16 horas al día)
—En los casos más severos (>45 grados) los niños pueden ser susceptibles de tratamiento quirúrgico. Esto además se suele plantear más cuando existen complicaciones como curvas dobles, grandes desviaciones ó fusiones vertebrales.

Qué pronóstico tiene
Con las desviaciones bajas (<25 grados) el pronóstico en general es bueno ya que la progresión de la desviación suele ser menor. En las curvaturas moderadas (25-45 grados) el riesgo es mayor y además empeora en los adolescentes por el mayor crecimiento de esa época. En las curvaturas grandes (>45 grados) el riesgo de progresión de la curva es elevado, a cualquier edad. Con tratamiento adecuado en general el pronóstico es bueno.

Cómo prevenirlas
La prevención es muy difícil ya que es casi imposible actuar sobre los factores que la producen. Lo que sí se puede es acudir ante el más mínimo síntoma de deformidad. En esta revisión el pediatra suele incluir la exploración de la espalda.

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