Gripe en niños

La gripe es una infección de vías respiratorias muy frecuente en pediatría y que suele ser menos diagnosticada de lo que debería ya que es fácil que de confundir con otras muchas infecciones similares. Puede producir gran número de síntomas y a veces incluso presentar complicaciones que pueden ser graves, sobre todo en determinados niños como los que tienen enfermedades de base.

El virus productor de la gripe es el influenza, del que hay tres tipos (A, B y C). El C es el que produce habitualmente los casos más leves. Normalmente se les asocian unos números y nombres a la letra en función del año y del lugar donde se determina la cepa de virus. Suele cursar en forma de epidemias por lo que es muy difícil evitar su contagio.


Qué síntomas produce
La gripe es más difícil de diagnosticar en los niños porque en muchos casos se parece a otros cuadros de infecciones respiratorias de vías altas. Ayudan al diagnóstico algunos datos, como conocer casos cercanos o bien el inicio súbito de un cuadro caracterizado por fiebre elevada, dolores musculares, escalofríos y dolor de cabeza. Posteriormente y de forma rápida aparecen el resto de los síntomas: inflamación y dolor de garganta, mucosidad y tos persistente, normalmente con poco moco asociado.

Es importante destacar que en los niños menores de tres años la gripe puede aparecer simulando un cuadro de gastroenteritis (fiebre, vómitos, diarrea…). También puede presentarse en formas menos habituales como por ejemplo inflamación de garganta y laringe o como un episodio de asma en los niños que padecen este cuadro. Tras el cuadro agudo, que suele durar unos siete días, el niño puede permanecer con tos o con síntomas de cansancio durante unos cuantos días más, incluso hasta semanas, pero sin que eso suponga ninguna repercusión y por supuesto mejorando progresivamente.

Qué complicaciones puede producir
Aunque son poco frecuentes hay que tenerlas en cuenta sobre todo en niños que tienen enfermedades de base, especialmente respiratorias. Los cuadros más a tener en cuenta son la afectación pulmonar por el propio virus de la gripe (neumonía gripal), que puede llegar a ser grave y la infección pulmonar por otra bacteria (neumonía bacteriana), que suele tener mejor pronóstico que el cuadro anterior. Hay otras complicaciones a tener en cuenta pero son muy poco frecuentes. Entre ellas se encuentran la meningitis, sorderas transitorias, parálisis de algunos nervios y otros.

Cómo se diagnostica
Se hace fundamentalmente por los síntomas ya que normalmente ni la analítica ni las pruebas de imagen (como las radiografías) sirven de ayuda. Existen medios específicos de diagnóstico pero normalmente éstos son usados en casos muy concretos ó ante epidemias con nuevas mutaciones de riesgo en las que se debe conocer al agente causal. En pediatría la gripe se suele confundir con los resfriados comunes que cursan con fiebre. Lo característico de la gripe es que produce un cuadro más generalizado, con dolor muscular y la fiebre suele estar presente desde el principio. También puede confundirse a veces con cuadros de faringitis, que cursan con inflamación de la garganta y a veces fiebre, pero de nuevo en la gripe lo que destaca es la afectación generalizada.

Cómo se trata
Normalmente lo que se tratan son los síntomas. Para la fiebre y el dolor son útiles el paracetamol y el ibuprofeno. En pediatría no se debe usar el ácido acetisalicílico. En caso de tos seca y persistente puede ser útil la utilización de algún antitusígeno, pero es importante recordar que los antitusígenos deben usarse sólo cuando son estrictamente necesarios ya que tienen importantes efectos secundarios. Por eso deben consultarse con el pediatra o con el farmacéutico. Lo que no se debe usar para la gripe son los antibióticos. Su uso no aporta beneficios y sí efectos secundarios o problemas como la aparición de gérmenes resistentes por un uso no adecuado. Los antibióticos sólo se usarán en caso de que exista una infección bacteriana añadida al cuadro de gripe y pautados por un médico. Además de los fármacos para el control de los síntomas es importante que el niño esté bien hidratado y que haga reposo dada la afectación general que produce la enfermedad.

Qué pronóstico tiene
Es bastante bueno salvo en los casos en los que pueda haber enfermedades de base que favorezcan una mala evolución o la aparición de complicaciones. En ese caso el pronóstico depende mucho de estas complicaciones. Aún así estas son raras y con tratamiento adecuado la mayoría curan sin demasiados problemas.

Cómo prevenirla
Se suele realizar una campaña de vacunación anual en otoño, entre los meses de octubre y noviembre en la población de riesgo. En edad infantil suelen ser susceptibles de recibir esta vacuna los niños asmáticos, los que tienen problemas cardíacos, del riñón, diabéticos y otras enfermedades crónicas. El efecto de la vacunación no es inmediato, y puede tardar entre dos y seis semanas en generar defensas en el niño.

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