Vómitos persistentes en el recién nacido o estenosis hipertrófica de píloro

La estenosis pilórica o estenosis hipertrófica de píloro es una patología que suele afectar a recién nacidos con pocas semanas de vida, en los que existe una obstrucción a la salida del estómago que genera un cuadro de vómitos bruscos y persistentes que de forma típica se producen justo tras las tomas. La obstrucción de la salida del estómago se produce por un crecimiento excesivo de las fibras musculares de esa zona. Este engrosamiento impide que el alimento pase desde el estómago del niño al intestino, lo que hace que sea expulsado en forma de vómitos bruscos tras las tomas.

Suele existir un componente genético que predispone a padecer este cuadro y en ocasiones se asocia con otras malformaciones del esófago o de la boca. Es raro que se presente en lactantes mayores de seis meses, pero los profesionales lo sospechan siempre que aparezcan los síntomas típicos, ya que el tratamiento no se puede demorar. En este post se explican los síntomas que hacen sospecharla y, además de cómo se diagnostica y se trata, se detallan las complicaciones que pueden surgir en caso de que el cuadro evolucione.

Qué síntomas produce
El síntoma más característico y llamativo de este cuadro son los vómitos bruscos en un lactante de pocos días o semanas de vida. Estos vómitos suelen ocurrir tras la ingesta y una vez que el niño vomita vuelve a tener hambre. El mayor problema es la pérdida de líquidos y de electrolitos, con el consiguiente riesgo de deshidratación, que en caso de avanzar puede ser grave debido a la corta edad del niño. Por eso, si el bebé vomita todas las tomas y sobre todo de forma brusca, se debe acudir siempre a un profesional.

Cómo se diagnostica
La estenosis hipertrófica de píloro se suele sospechar cuando un niño de entre siete días y cinco meses de vida empieza a presentar vómitos, sobre todo si son bruscos, después de las tomas. En la mayoría de los casos se suele observar al niño en urgencias y, en caso de constatar la presencia de estos vómitos, se suele realizar una ecografía digestiva. Aún así hay casos en los que el diagnóstico no está claro. Y otros casos en los que algunos niños pueden presentar síntomas parecidos cuando por ejemplo se utilizan técnicas alimentarias no del todo correctas, como por ejemplo un exceso de alimentación. Otras veces el niño puede estar iniciando un cuadro de reflujo gastroesofágico, que guarda similitudes con una estenosis del píloro. Y hay otras patologías que también pueden generar vómitos persistentes, motivo por el cual en muchas ocasiones se decide ingreso para estudio en caso de que no esté claro el diagnóstico, y desde luego siempre que exista deshidratación o riesgo de que esta se produzca.

Cómo se trata
En los casos evolucionados puede que exista deshidratación e incluso desnutrición, por lo que suele ser necesario corregir la deshidratación o las alteraciones de los electrolitos antes de plantearse tratamiento quirúrgico. El tratamiento quirúrgico consiste en la apertura de la zona que está aumentada de tamaño —técnica llamada piloromiotomía— con el fin de que pueda circular el contenido del estómago hacia el intestino. La cirugía tiene buen pronóstico y aunque el niño puede seguir presentando vómitos, estos son debidos a la inflamación producida por la intervención. No es raro que en veinticuatro horas o menos tras la cirugía pueda empezar a probar a tomar por boca de nuevo.

Qué complicaciones puede presentar
El mayor riesgo del cuadro es el de deshidratación secundaria a los vómitos, ya que son niños pequeños que se deshidratan con facilidad. Además de la deshidratación los niños pueden presentar alteraciones en los iones sanguíneos, ya que algunos de estos se pierden en gran cantidad junto con los vómitos. Hay casos en los que los vómitos persisten tras la cirugía y puede que esta no haya sido suficiente. En otros casos puede ser necesario descartar otros procesos que pueden estar generando el cuadro.

Qué pronóstico tiene
Si se diagnostica y se trata de forma precoz el pronóstico es bueno, pudiendo el niño empezar a comer incluso a partir de las cuarenta y ocho horas tras la intervención quirúrgica. Los mayores riesgos son el de deshidratación y el de las alteraciones de los iones, pero en los casos en los que el diagnóstico se realiza de forma temprana se reducen mucho las complicaciones. Por eso es fundamental que si un lactante vomita después de todas las tomas, y más aún si lo hace de forma brusca o existen antecedentes familiares del cuadro, que los padres acudan a un servicio de urgencias de pediatría.

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