Fiebre reumática en niños

La fiebre reumática es una enfermedad inflamatoria seria en la que lo característico es que puede afectar a corazón, articulaciones, sistema nervioso y la piel, que afortunadamente es poco frecuente en edad infantil. Suele darse más en niños de cinco a dieciocho años y parece que es un poco más frecuente en climas fríos y húmedos.

Suele aparecer tras una infección de la garganta por un germen denominado Streptococo del grupo A, que típicamente se suele ver unas semanas antes de empezar el cuadro de fiebre reumática. El verdadero riesgo ocurre cuando se padecen brotes repetidos por este germen que no reciben tratamiento o el que reciben no es de forma adecuada. Los casos que son correctamente tratados con el antibiótico adecuado y que eliminan el streptococo de la garganta suelen prevenir la aparición de la fiebre reumática.

Qué síntomas produce
Existen una serie de síntomas que son típicos de este cuadro y que ayudan a su sospecha cuando se presenten y al diagnóstico de la enfermedad cuando se juntan varios de ellos. Entre estos síntomas se encuentran:
Poliartritis migratoria: es una inflamación de las articulaciones grandes como rodillas, tobillos, codos o muñecas que afecta al 75% de los niños con fiebre reumática. La inflamación produce dolor y suele ir cambiando de sitio. Puede durar de tres días a tres semanas y luego desaparece para ir apareciendo en otras articulaciones, de ahí el nombre de migratoria.
Carditis: es una inflamación del corazón y por lo tanto es de gravedad. Si bien algunas veces esto es un proceso grave que puede incluso comprometer la vida del niño, también es cierto que en otros muchos casos puede ser leve y con apenas consecuencias. Se produce hasta en el 60% de los niños con fiebre reumática.
Corea de Sydenham: es un síntoma del sistema nervioso que se ve en el 10-15% de los niños con fiebre reumática. Sus síntomas son variables ya que puede manifestarse como un trastorno del comportamiento o como movimientos anormales o descoordinados del niño. No suele dejar secuelas y a veces es difícil de detectar ya que se puede presentar de forma sutil.
Eritema marginado: es una erupción cutánea que se ve en menos del 3% de los niños con fiebre reumática. Las manchas son lesiones de color rojo en forma circular y con el centro más claro, que se ven sobre todo en tronco y en cara.
Nódulos subcutáneos: aparecen en menos del 1% de estos niños y son pequeños bultos de menos de un centímetro que aparecen debajo de la piel.
Artralgias: dolor en las articulaciones sin presentar inflamación.
Fiebre: normalmente de 39ºC o más.
Alteración de parámetros de inflamación en analíticas.
—Determinadas alteraciones en el electrocardiograma.

Cómo se diagnostica
Para hacer el diagnóstico de fiebre reumática es necesario que el niño tenga al menos dos de los cinco primeros síntomas o bien uno de los cinco primeros y dos de los cuatro últimos, además de una evidencia constatada de que el niño ha pasado una infección previa por el Streptococo del grupo A, que es del todo necesaria para poder diagnosticar a un niño de fiebre reumática. El problema es que la infección por este germen puede suceder hasta cuatro semanas antes de los síntomas y puede que ya sea difícil obtener un cultivo positivo. Sin embargo sí se pueden hacer pruebas de detección de anticuerpos del niño frente a este agente.

Es importante destacar que se puede establecer o sospechar el diagnóstico incluso sin que se cumplan estas condiciones. Esto puede ocurrir por ejemplo cuando se presentan como únicos síntomas los neurológicos o los cardíacos. En los casos en los que exista sospecha el profesional se apoyará en pruebas como analítica, cultivo de sangre, cultivo de exudado faríngeo o el electrocardiograma, entre otras.

A qué se parece esta enfermedad
La fiebre reumática es poco frecuente y además puede ser confundida con otras enfermedades, motivo por el que su diagnóstico es complicado. Muchas enfermedades reumatológicas como la artritis reumatoide o el lupus, por ejemplo, pueden dar inflamaciones de las articulaciones parecidas a las de esta enfermedad. Cuando se produce afectación del corazón hay que descartar otros procesos infecciosos o reumatológicos como las miocarditis, las pericarditis o la enfermedad de Kawasaki, procesos todos ellos severos. Cuando lo que destaca es la corea, hay que estudiar otros procesos que también la producen como la corea de Huntington, la enfermedad de Wilson o el lupus, procesos todos ellos también poco frecuentes en pediatría.

Cómo se trata
Uno de los puntos más importantes del tratamiento de la fiebre reumática es el reposo, sobre todo si existen signos de afectación cardíaca, junto con el uso de antibióticos, ya que esta enfermedad está íntimamente unida a posibles infecciones no bien tratadas. El antibiótico suele ser penicilina o eritromicina. En algunos casos puede ser útil que el niño reciba dosis de tratamiento preventivas para evitar las reinfecciones.

Cuando aparecen la poliartritis migratoria se suelen usar antiinflamatorios, pero no se suelen dar antes de que se tenga un diagnóstico claro ya que podrían confundir el diagnóstico. La fiebre reumática es uno de los pocos cuadros en los que se plantea el uso de salicilatos en pediatría, ya que estos fármacos tienen un elevado riesgo de producir el denominado Síndrome de Reye, un cuadro que a su vez puede ser grave. En los casos de afectación cardíaca pueden usarse corticoides, antiinflamatorios más potentes, durante varias semanas. Estos fármacos tienen numerosos efectos secundarios por lo que deben ser controlados de cerca. En el caso de la corea nerviosa los niños se suelen beneficiar del uso de sedantes como el fenobarbital, un fármaco también con considerables efectos secundarios.

Complicaciones que puede presentar
Normalmente la artritis y la corea no suelen dejar secuelas. El riesgo reside en los niños que tienen afectación cardíaca, sobre todo cuando se afectan las válvulas cardíacas, ya que además tienen más riesgo de padecer endocarditis bacteriana de forma posterior.

Pronóstico
Depende de qué grado de enfermedad y síntomas presente el niño. Hasta un 70% de los que tienen afectación cardíaca se pueden recuperar sin secuelas de ningún tipo. Cuanto más grave es el daño cardíaco que se produce más probabilidades tiene el niño de sufrir secuelas. Los niños que han sufrido fiebre reumática pueden presentar nuevos brotes. Si aparecen episodios de afectación cardíaca el riesgo de secuelas en este órgano es mayor. Si no aparecen mejora mucho el pronóstico. En algunos niños se usan antibióticos de manera preventiva para evitar la reaparición de brotes. Esto se hace más por ejemplo en los que han tenido corea como uno de los síntomas ya que el riesgo de nuevos brotes con afectación cardiaca es mayor.

Cómo se puede prevenir
Lo más eficaz es tratar correctamente los episodios de infección de vías respiratorias altas, algo que en nuestro medio es lo habitual gracias a la facilidad de acceso al sistema sanitario y a los antibióticos. Esa es la mejor forma de prevenir la aparición de fiebre reumática. En el caso de que un niño ya haya sido diagnosticado lo que se intenta es prevenir la reaparición de la enfermedad mediante la administración de antibióticos de manera preventiva. Esta prevención se mantendrá años o incluso toda la vida, en función del cuadro y las secuelas que hayan podido quedar en el niño. Por supuesto, el seguimiento médico es fundamental.

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