En este vídeo se muestran consejos esenciales sobre la fiebre sin foco, es decir, sin un motivo aparente. Para ello, se distingue entre lactantes y niños mayores. También se comentan los principales signos de gravedad que deben hacer acudir a urgencias.
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¿Qué es la fiebre sin motivo aparente?
Hay ocasiones en las que no se logra encontrar una causa clara para la presencia de fiebre en niños. Esto sucede más en los lactantes, ya que a esta edad suelen mostrar menos síntomas o estos son inespecíficos. Una fiebre sin foco es, por tanto, aquella en la que tras valorar al niño médicamente no se encuentra una causa. La forma de presentarse este cuadro varía mucho en función de la edad del niño.
Fiebre sin foco en niños menores de tres meses.
En los lactantes menores de tres meses el riesgo de padecer un cuadro severo es mayor, por lo que es necesario que un médico evalúe siempre la presencia de fiebre. Además, no siempre presentan fiebre en sí, por lo que, ante otros signos como mal color de piel, mal tono muscular o rechazo del alimento, se debe acudir sin demora a un servicio de urgencias. Los niños menores de un mes son los que más riesgo tienen, por lo que no es raro que ingresen para ser estudiados y vigilados. En estas edades es completamente normal realizar estudios analíticos de sangre u orina, para confirmar o descartar una posible infección.
Fiebre sin foco en niños entre tres meses y tres años.
A medida que el niño va creciendo, el riesgo de infecciones graves va descendiendo, pero siempre existe. Los niños con mayor riesgo son aquellos con fiebre superior a 39ºC. Sobre todo, si comienzan con mal color de piel, decaimiento o petequias. Las petequias son manchas muy pequeñas en cualquier zona de la piel, de color rojo vino, que aparecen de forma progresiva y que no desaparecen al pasar el dedo por encima. Cuando aparecen estos síntomas de gravedad, es obligado que el niño sea valorado por un médico sin demora, ya que puede necesitar ingreso o tratamiento urgente.
Fiebre sin foco en niños mayores de tres años.
En los niños mayores de tres años el riesgo de gravedad es menor, pero sigue existiendo. Afortunadamente el niño suele ayudar, ya que es capaz de contar cómo se siente. Como sucede con los pequeños, si la temperatura es superior a 39ºC o si presenta signos como mal color de piel, decaimiento o presencia de petequias, ha de ser valorado por un médico sin demora. En estos casos, o si no se encuentra una causa clara después de varios días de fiebre, es posible que se requiera ingreso para realizar estudios.
Signos de gravedad en un cuadro con fiebre.
Lo más importante a cualquier edad es conocer los signos de gravedad: cualquier niño con fiebre elevada, mal color de piel, mal tono muscular, decaimiento o sensación de gravedad, ha de ser valorado sin demora. Si además presenta petequias, manchitas pequeñas en la piel de color rojo vinoso, que no aclaran al pasar el dedo por encima, podría ser indicativo de un cuadro especialmente complicado. Incluso después de que un niño haya sido valorado por un médico, debe vigilarse la aparición de estos signos. El mayor problema de los cuadros de fiebre sin foco es que, si bien la mayoría son leves, unos pocos sí pueden terminar siendo severos.
En resumen…
La fiebre sin foco claro es una situación frecuente, sobre todo en niños pequeños, que en algunos casos puede complicarse. Lo más importante es conocer los signos de alerta y llevar un buen control médico.
