Dermatitis Atópica

La dermatitis atópica es una inflamación de la piel que se suele ver con frecuencia en los lactantes, especialmente si tienen la piel seca. Suele tener un componente genético por lo que suele haber antecedentes familiares. Es una de las dermatitis más habituales y es muy bien conocida por muchas madres, pues afecta a un gran número de lactantes y niños menores de dos años.

En general se piensa que el origen es genético ya que suele haber antecedentes familiares en los niños afectados. Algunos componentes ambientales la pueden desencadenar en los niños con predisposición genética. El problema reside en que el sistema defensivo del niño reacciona de forma exagerada frente a sustancias que en general no deberían producirle ninguna reacción.


Qué síntomas produce
Suele aparecer en forma de brotes o episodios generalmente relacionados con el hecho de que la piel del niño entre en contacto con alguna de las sustancias que le desencadenan los brotes. Entre estas sustancias puede estar determinados tipos de ropa, el polvo, el sudor u otros.
Cuando se produce el cuadro los niños suelen presentar pequeñas erupciones en la piel en forma de placas o manchas de color rojizo sobre todo en cara, mejillas, cuello, manos y abdomen, así como en la cara interna de codos y rodillas en los lactantes algo más mayores. En los casos en los que se añada una sobreinfección bacteriana pueden verse entonces lesiones de otro color, por ejemplo amarillentas.

Estas lesiones típicamente producen bastante picor, por lo que el niño puede estar algo irritable o dormir algo peor. Además, estas placas tienen el riesgo de infectarse, por lo que exigen una serie de cuidados para que esto no ocurra. Pueden afectar también a niños mayores e incluso a adolescentes, pero en mucha menor proporción que a los lactantes, y además su evolución en general suele ser buena. Se debe intentar evitar que el niño se rasque para evitar las sobreinfecciones por rascado. La dermatitis atópica no es contagiosa, pero si las lesiones se sobreinfectan por una bacteria, esa infección sí puede contagiarse.

Cómo se trata
Se puede controlar algo la aparición de brotes mediante una serie de prácticas sencillas de realizar: así, se deben evitar el calor y el frío excesivos y el exceso de humedad, como por el sudor. Normalmente suelen mejorar en verano, en parte por el sol y los baños en agua salada. La ropa debe ser poco irritante, evitando la lana y las fibras de alto contenido sintético. También es recomendable evitar el contacto del lactante con perfumes, detergentes, humo de tabaco o incluso pinturas.

Los jabones y champús deben ser muy suaves, y algunos tienen componentes concretos (como el selenio o el zinc) que ayudan al control de los brotes agudos. Se pueden aplicar cremas o lociones tras el baño, con la piel aún húmeda, que mejoren la hidratación de la piel del bebé. Entre estos productos se encuentran los de la gama letiAT4®, con presentaciones en gel de baño dermograso o champú, que sirven para la higiene pero con un alto componente de hidratación.

En cuanto a los preparados dermatológicos para este cuadro existe una gran variedad. Aparte de ser productos caros hay que observar una serie de aspectos: antes de adquirir alguno se debe consultar siempre al farmacéutico o al médico. Lo normal es que se apliquen unas 2-3 veces al día sobre la piel del bebé y se usen en poca cantidad y durante un número determinado de días. Algunos de los más efectivos pertenecen a la gama Multilind® o Balneum®. También son útiles preparados como los de la gama Epaderm®, que son hidratantes sin aditivos que se pueden usar en cuadros desde leves a severos y que son aptos para todas las edades.

El uso de corticoides puede ser adecuado en los cuadros algo más severos; los hay en muchas presentaciones: cremas de baja, media y alta potencia o bien orales para los casos más difíciles de tratar. No es recomendable su uso durante mucho tiempo y tienen efectos secundarios importantes, por lo que siempre se deben usar bajo prescripción médica y durante el tiempo que sean indicados y nunca sin consultar previamente, sean en forma de cremas o en jarabes.
Otros tratamientos se basan en el uso de los denominados inmunomoduladores, que ayudan a controlar la respuesta inmunitaria del niño frente a los estímulos que desencadenan los brotes. Los más conocidos son el tacrólimus y el pimecrolimus, como por ejemplo Elidel®, una pomada que parece controlar el eccema de forma integral y reduce el picor, además de restablecer la piel y reducir el número de brotes. Al igual que los corticoides deben usarse siempre bajo prescripción médica. En el caso de que existan sobreinfecciones de las lesiones por rascado, el pediatra añadirá antibióticos al tratamiento, generalmente en forma de cremas o pomadas, y en los casos en los que las infecciones sean de mayor entidad, incluso también por vía oral.

Qué pronóstico tiene
Normalmente la mayoría de los cuadros suelen desaparecer con el tiempo: la mitad de los casos remiten antes de los 2 años de edad, y el 80% desaparecen durante la infancia. Los casos que se prolongan más suelen darse en niños con cuadros de difícil control o antecedentes familiares de dermatitis atópica severa.

Cómo se puede prevenir
Algunos consejos sirven de ayuda a la hora de prevenir la aparición de los brotes. Entre ellos están los siguientes: el baño puede ser diario o cada dos días, debe ser en agua templada (mejor que caliente) y hay que evitar irritar la piel secándola de forma suave, nunca enérgicamente. Los cambios bruscos de temperatura también pueden desencadenar brotes. Ayuda mucho el uso de cremas hidratantes suaves. Es conveniente evitar que el niño sude (no abrigarle en exceso). La ropa ideal suele ser la de algodón o la que no lleve fibras sintéticas. En el caso de productos o sustancias que puedan desencadenar los brotes, como el polvo, se debe intentar aislar al niño de ellos en la medida de lo posible.

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3 pensamientos en “Dermatitis Atópica

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