Parálisis facial en niños.

¿En qué consiste la parálisis facial?
La parálisis facial consiste en un cuadro en el que se produce una parálisis de los músculos de la cara que están inervados por uno de los dos nervios faciales, dado que cada uno de ellos inerva un lado de la cara, dando un aspecto peculiar en el que se aprecia un lado de la boca desviado. La parálisis facial se denomina «periférica» cuando la causa afecta al nervio en su paso por los huesos del cráneo, y lo que suele ocurrir es que se afecta solo uno de los dos nervios faciales. Son muy diferentes de las parálisis faciales denominadas «centrales», que ocurren por problemas a nivel cerebral.

cubiertafrontalgrande_ninosmarte 2¿Por qué se puede producir una parálisis facial en niños?
Hay múltiples causas que pueden producirlas. La mayoría de estas causas suelen ser inflamatorias, como las infecciones, aunque a veces pueden deberse a traumatismos en la zona. Esto es frecuente ya que al pasar este nervio por ciertas zonas del cráneo tiene que atravesar orificios muy estrechos. Sin embargo, en la mayoría de los casos el origen de estas parálisis es desconocido, aunque se relaciona con determinados factores. Este tipo de parálisis se denominan «Parálisis de Bell» y se cree que están relacionadas con infecciones por virus herpes simple y con exposición al frío. A veces existe un antecedente de otitis media.

Qué síntomas produce la parálisis facial.
Por lo general se aprecia una desviación de la cara hacia el lado sano. Los músculos afectados, al carecer de inervación se desplazan hacia el lado sano, cuyos músculos sí que mantienen el tono muscular normal que les otorga su inervación. También pueden presentar disminución del lagrimeo y sequedad en el ojo de la zona paralizada, menor secreción de saliva y alteraciones del gusto. Normalmente no hay afectación de otros nervios. Los síntomas que indican que puede haber un proceso más serio de fondo son la afectación de los dos lados de la cara, los cuadros que duran más de seis meses, los cuadros recurrentes en el tiempo y la asociación con otros síntomas, sobre todo neurológicos.

Cómo se diagnostica una parálisis facial en niños.
Lo más importante es descartar una parálisis de origen central, por lo que siempre se debe acudir al pediatra para que haga una valoración del niño y una exploración neurológica. Normalmente se trata de hallar el posible origen infeccioso indagando sobre los antecedentes de infecciones o exposición al frío. En determinados casos puede que el pediatra indique la realización de pruebas para descartar algún proceso que pueda estar provocando la parálisis. Entre las pruebas que se pueden realizar están el TAC, la resonancia craneal, los estudios de electromiograma y conducción nerviosa o pruebas relacionadas con el oído, como audiometrías. Estas pruebas sirven para estudiar posibles causas o predecir el pronóstico en los casos en los que la evolución no es la esperada.

Lo que el hielo atrapa.Cómo se trata una parálisis facial.
En general se realiza mediante el uso de antiinflamatorios y protección ocular con suero o lágrimas artificiales en caso de sequedad ocular. Estas lágrimas deben usarse varias veces a lo largo del día y además el niño debe protegerse los ojos frente a agentes externos como el viento o el sol. En casos más severos puede que el pediatra asocie una pauta de corticoides, que normalmente tienen mayor efecto si su uso se inicia en las primeras horas del cuadro. Se suelen usar pautas cortas ya que tienen efectos secundarios, y no siempre pueden ser utilizados. En caso de que exista una otitis media asociada se suele tratar también, así como en los casos de sospecha de otras infecciones. En los casos más graves o complicados puede que sea necesario realizar hasta cirugía para descomprimir el nervio, en función de la causa que esté produciendo el cuadro.

Qué pronóstico tienen las parálisis faciales.
Las parálisis de Bell en general tienen un pronóstico bastante bueno, ya que la movilidad se suele recuperar en un plazo de tres a seis meses, aunque la recuperación puede que ocurra en pocas semanas. De hecho la no recuperación inicial en el plazo de unas semanas suele ser motivo para empezar a buscar otras causas relacionadas con el proceso. Normalmente se suelen pautar revisiones cada dos semanas para comprobar la evolución. En los casos de origen central normalmente el pediatra solicita estudios para localizar la causa, en cuyo caso el pronóstico depende de esta. Por eso, y sea cual sea el posible motivo, siempre hay que acudir al pediatra (o a Urgencias) para su valoración.

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