Gastroenteritis o diarreas en pediatría

En este vídeo vamos a compartir aspectos importantes sobre las gastroenteritis, comúnmente conocidas como diarreas, en niños. Estos cuadros no solo son frecuentes, sino que pueden complicarse, especialmente en niños y lactantes. Por fortuna, también pueden prevenirse en gran medida.

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¿Qué son las gastroenteritis?
La gastroenteritis aguda, comúnmente conocida como diarrea, es una inflamación del estómago y el intestino que causa deposiciones líquidas o más blandas de lo normal. Suele acompañarse de fiebre, vómitos y dolor abdominal. Generalmente está causada por infecciones virales, como el rotavirus, pero también pueden ser bacterianas, como la temida salmonella, o incluso por parásitos. Hay también ocasiones en que las gastroenteritis pueden estar producidas por intolerancias alimentarias, enfermedades crónicas, o por otras causas.

¿Qué síntomas produce una gastroenteritis?
Los síntomas más habituales incluyen deposiciones líquidas, fiebre, vómitos y dolor abdominal, aunque no todos tienen que estar presentes, ni aparecer a la vez. La duración suele inferior a dos semanas. De hecho, la mayoría se resuelve en pocos días, y algunas en tan solo unas horas. Sin embargo, el principal riesgo, en todos los casos y a todas las edades, es la deshidratación. Este riesgo es mayor en los lactantes, especialmente si el niño asocia vómitos y mala tolerancia a la ingesta de líquidos. Además, la gravedad de los síntomas puede variar según el origen de la gastroenteritis. Por ejemplo, los virus suelen generar diarreas muy acuosas, con poca o ninguna fiebre, mientras que la bacteria salmonella suele asociar fiebre alta o presencia de sangre en las heces, generando por tanto cuadros más severos.

¿Cómo se diagnostica la gastroenteritis?
En los cuadros de sospecha de gastroenteritis, el pediatra preguntará acerca de los síntomas y los antecedentes del niño, para tratar de establecer la causa. En la exploración, valorará el estado general del niño y buscará posibles signos de deshidratación, como orina oscura, labios secos, ojos hundidos, o la presencia de irritabilidad o letargo, especialmente en los lactantes, donde el riesgo de deshidratación es mayor y no pueden expresarlo de otra manera. En muchas ocasiones el pediatra solicitará un cultivo de las deposiciones, especialmente si en estas aparecen restos de moco o de sangre. En los casos moderados o severos, o en aquellos que se prolongan varios días, puede solicitar analítica de sangre u otros estudios.

¿Cómo se trata la gastroenteritis?
El tratamiento dependerá en gran medida de la severidad del cuadro y de la edad del niño, ya que el riesgo de deshidratación es mayor cuanto menor es el niño. En casi todos los casos, el tratamiento se centrará en la rehidratación oral con lactancia materna, agua o soluciones adecuadas para su edad. La realimentación temprana con una dieta adecuada también es importante para ayudar a superar el cuadro y reducir el riesgo de complicaciones. En la mayoría de los casos, al ser leves y de origen viral, el tratamiento puede realizarse en casa, bajo supervisión. Los casos moderados o severos, o aquellos donde exista deshidratación o riesgo de que se produzca, necesitarán tratamiento en el hospital, a veces incluso con rehidratación intravenosa.

¿Se pueden prevenir las gastroenteritis?
Es casi imposible evitar que los niños padezcan episodios de gastroenteritis a lo largo de su infancia. Sin embargo, hay medidas que reducen mucho el número de episodios y su gravedad. Entre ellas, algunas tan simples como lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de comer y después de ir al baño, y siempre antes de manipular a un bebé. También es importante asegurarse de que los alimentos estén bien cocidos y se almacenen adecuadamente. Existe vacunación contra el rotavirus, y es muy recomendable para prevenir o reducir la gravedad de las gastroenteritis producidas por este virus, especialmente en niños pequeños.

En resumen…
La gastroenteritis, o diarrea, es un cuadro que todos los niños van a padecer en algún momento. Su mayor riesgo es la deshidratación, sobre todo en lactantes. Por eso, es fundamental aplicar medidas preventivas, como una buena higiene de manos y de los alimentos, y el uso de vacunas frente al rotavirus. Todos los casos deben ser valorados por el pediatra.

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