Candidiasis o infecciones por hongos

Las candidiasis son de las infecciones por hongos más frecuentes en la infancia, y son las que están producidas por cándidas, un tipo de hongo bastante común. Pueden aparecer de muy diversas formas, siendo algunas de ellas muy frecuentes en la edad infantil.

La cándida es un hongo presente en el medio ambiente que coloniza de forma normal a todos los niños, pero solo produce infecciones en situaciones determinadas, como por ejemplo alteración de la flora normal de la piel o de las mucosas, como ocurre al tomar antibióticos. Esto es lo más frecuente y generalmente las infecciones son bastante leves. Pero también pueden verser en enfermedades crónicas o con tratamientos de base que puedan generar cuadros de inmunodepresión en el niño, aunque en estos casos se suelen dar las formas más graves de infección por este hongo.


Qué síntomas produce
—Las candidiasis en la boca (orales) son muy frecuente sobre todo en recién nacidos y lactantes. Se ve en forma de placas de color blanco en lengua y que pueden molestar, dificultando la ingesta. No es raro verla en niños mayores que han tomado antibióticos.
—La candidiasis en piel es muy frecuente durante la lactancia, sobre todo en los cuadros de dermatitis del pañal, a los que se asocia con mucha facilidad. Los factores que influyen son el que la zona sea oscura, húmeda y caliente, lo que favorece el crecimiento de estos hongos.
—Las candidiasis vaginales son frecuentes en niñas que toman antibióticos, y se caracterizan por intenso picor y posible secreción de color blanquecino. La mayoría de los casos son leves pero algunos pueden complicarse.

Otros cuadros de infecciones son menos frecuentes, más severos y suelen esconder problemas o enfermedades de base, de forma que es muy difícil verlos en niños sanos. Entre estos cuadros están los siguientes:
—La candidiasis diseminada o general es un cuadro grave que se puede ver en niños con enfermedades o tratamientos severos que producen cuadros de inmunodepresión. Se suelen afectar órganos tan importantes como el cerebro, e pulmón o el tracto digestivo.
—La candidiasis en el esófago (esofágica) se suele ver en niños que tienen un serio compromiso del sistema inmune, como pueden ser niños afectados por SIDA y sin adecuado tratamiento, o que están con fármacos inmunodepresores.

Qué complicaciones puede producir
Las complicaciones son las formas graves de la candidiasis, la diseminada o la esofágica, producidas generalmente en el contexto de enfermedades graves o que producen inmunodepresión.

Cómo se diagnostica
El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración. Esto suele ser suficiente para la mayoría de los casos leves. En algunos de los leves y en todos los graves son necesarias pruebas complementarias. En los graves el diagnóstico suele ser hospitalario dado que son cuadros severos. Lo más frecuente en pediatría son las formas leves (orales, piel, pañal o vaginales). En estas formas suele haber un antecedente muy claro y en la exploración se ven lesiones muy características. Los niños no suelen tener enfermedades de base ni factores de riesgo adicionales y en general no son necesarias pruebas complementarias, salvo en casos en los que la evolución no sea la adecuada. Entre las formas frecuentes de candidiasis oral se encuentran las conocidas como muguet (frecuentes en lengua y paladar de lactantes) y las conocidas como boqueras, en las que las placas de color blanco con el hongo se encuentran en los bordes de los labios. Otros cuadros menos frecuentes son la lengua negra vellosa o las formas crónicas. Algunas formas de la infección en piel pueden afectar a los pliegues (son las denominadas intértrigo candidiásico).

En el caso de los procesos graves (los diseminados) generalmente existe un proceso o tratamiento serio de fondo. En estos casos puede que el niño incluso esté hospitalizado o que deba estarlo. En estos casos la historia y la exploración aún son más importantes ya que cualquier dato que se extraiga de su realización puede ayudar a orientar mejor el origen, diagnóstico y posibles tratamientos del proceso. Entre las pruebas complementarias que se pueden realizar están la toma de muestras para cultivos, la visión de los hongos de forma directa por microscopio y la realización de pruebas que ayudan a ver en qué grado se ha producido la diseminación, como el examen del fondo de ojo o pruebas de imagen como el TAC y ecografías.

Cómo se trata
Las formas leves (orales, en piel o en vagina) suelen ser fáciles de tratar, ya que normalmente el tratamiento se basa en jarabes, cremas o geles u óvulos con nistatina u otros antifúngicos. La respuesta suele ser buena en pocos días, aunque en determinados casos puede que sea necesario asociar tratamiento oral. A veces existen casos en los que se producen recurrencias con facilidad, en cuyo caso es posible que haya que usar varios antifúngicos o bien tratamientos prolongados, durante semanas o meses.

Las formas graves requieren tratamiento hospitalario ya que por definición suelen estar producidas por un proceso grave de fondo. El tratamiento suele ser intensivo y por vía intravenosa, y va dirigido tanto a la infección en sí como al proceso que la ha originado. El problema de algunos antifúngicos a dosis elevadas y de uso hospitalario es que tienen efectos adversos considerables, por lo que se realizan controles muy estrechos.

Qué pronóstico tiene
Las formas leves en general tienen buen pronóstico, aunque algunas pueden ser persistentes o recidivar con frecuencia. Las formas graves suelen tener el pronóstico asociado al cuadro que está produciendo o facilitando la infección diseminada.

Cómo prevenirlas
Las formas leves se pueden prevenir con una adecuada higiene de la piel y de la mucosa oral vaginal, pero que tampoco sea excesiva para no alterar la flora microbiana normal de dichas zonas. En los lactantes conviene lavar bien las tetinas antes y después de usarlas. En los niños en edad escolar y preescolar conviene no abusar de los antbióticos, usándolos sólo cuando los mande el pediatra y de la forma en que los paute. Las formas graves sólo se pueden prevenir mediante el adecuado control del proceso de fondo, y evitando los cuadros de inmunodepresión en los casos en los que sea posible hacerlo mediante el control de la enfermedad de base.

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