Epilepsia en niños (I): orientación y control del niño epiléptico.

La epilepsia es un proceso en el que se produce un aumento de la actividad eléctrica en ciertas neuronas cerebrales y que puede desencadenar los denominados «ataques» o crisis de epilepsia. Para catalogar a un niño como epiléptico ha de tener estos episodios de forma repetida en el tiempo. En general, el seguimiento de estos casos se realiza entre varios profesionales y la repercusión en el niño varía mucho según el tipo y el grado de epilepsia que padezca, por lo que uno de los objetivos principales de la actuación global sobre el niño es reducir la frecuencia y la intensidad de los cuadros para que no afecten a su vida normal ni a su desarrollo psicomotor.

Qué repercusiones puede producir la epilepsia
Muchos niños están asintomáticos salvo cuando se producen los episodios, los cuales a veces se pueden llegar a controlar en su totalidad en muchos casos. Sin embargo, en otros niños los episodios son más difíciles de controlar y, si son numerosos, pueden afectar a su desarrollo y aprendizaje. El objetivo del tratamiento es que esta repercusión sea lo menor posible. Los niños con epilepsia de menor edad suelen estar bastante protegidos y motivados y los padres suelen cumplir los tratamientos y las indicaciones al pie de la letra. Sin embargo, los adolescentes pueden reaccionar con rechazo al diagnóstico, a los tratamientos o incluso padecer una depresión, por lo que este grupo de edad puede ser bastante vulnerable.

Orientación del niño epiléptico
En general en la mayoría de los casos el niño puede y debe llevar una vida prácticamente normal, como la de cualquier otro niño, aunque cuidando una serie de aspectos fundamentales, como el hecho de que no se deben quedar solos nunca (ni siquiera en el baño, sobre todo si son pequeños), no realizar actividades de riesgo o estar sin vigilancia, primero por los padres y luego por familiares, conocidos o amigos, ya que un ataque puede dar en cualquier circunstancia, momento y sin previo aviso.

Es importante que un niño diagnosticado de epilepsia conozca las situaciones que predisponen a padecer ataques, como el estrés, el sueño, el alcohol o los estímulos luminosos intensos. Esto no quita que la escolarización y los estudios deben ser como los de cualquier otro niño, con el único condicionante de que los profesores deben estar avisados de que padece este cuadro y del riesgo potencial de una crisis. Solo en los casos en los que exista retraso psicomotor asociado, el niño deberá ser llevado a centros educativos adaptados a sus necesidades y grado de desarrollo.

En general pueden realizar deporte sin problema, de hecho parece que la actividad física moderada podría reducir la incidencia de ataques. La única condición es que deben evitar aquellos en los que una pérdida brusca de conciencia pueda ser peligrosa, como puede suceder por ejemplo al patinar o al montar en bicicleta o cualquiera que sea de riesgo, y siempre deben estar acompañados por alguien. El uso de televisiones, ordenador y videojuegos debe ser limitado y evitando en la medida de lo posible los estímulos lumínicos intensos o continuados. Se debe descansar cada media hora de juego como mínimo y seguir las indicaciones del especialista que haga el seguimiento del niño.

Controles en el niño epiléptico
Aunque dependen de cada caso concreto, se suele controlar al niño cada tres a doce meses. Los controles por el especialista son más espaciados, mientras que el pediatra de atención primaria puede ver al niño con algo de mayor frecuencia, sobre todo cuando se realizan cambios en la medicación con el fin de controlar la efectividad de esta y la no aparición de efectos adversos, que pueden ser de muy diversa índole, pero en los que predominan la somnolencia y la incapacidad para concentrarse.

También se suelen controlar de forma periódica los niveles en sangre de algunos de los fármacos con el fin de conseguir la mayor eficacia posible con el mínimo de medicación. Estos niveles se correlacionan con el efecto que producen los fármacos y con los posibles efectos secundarios, por lo que es importante que los padres o el propio niño, cuando ya son mayores, anoten todo lo referente a su cuadro, como por ejemplo número de crisis, efectos secundarios, problemas para cumplir el tratamiento u otros.

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2 pensamientos en “Epilepsia en niños (I): orientación y control del niño epiléptico.

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