Enfermedades de transmisión sexual (ETS) en adolescentes

Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) son un grupo de enfermedades que no se parecen pero cuyo nexo común es que se contagian por vía sexual, es decir, al mantener relaciones sexuales sin utilizar medios de protección como los preservativos. El problema en los adolescentes reside en que sus conductas son más despreocupadas que las de los adultos y tienen prácticas sexuales sin recordar que existe riesgo no ya solo de embarazos no deseados, sino de contagio de enfermedades que pueden ser fácilmente curables o bien graves e incluso potencialmente peligrosas para la vida del adolescente a largo plazo. Algunas de estas enfermedades graves son el SIDA, la sífilis, la hepatitis B u otras.

En los últimos años está aumentando la incidencia de ETS ya que los adolescentes tienden a tener relaciones sexuales a edades más tempranas. Aún siendo un grupo tan diverso de enfermedades es cierto que algunas de ellas comparten una serie de características comunes que permiten que puedan ser englobadas.

Por qué se producen
El nexo común a todas ellas es la práctica de relaciones sexuales. El riesgo de infección se relaciona de forma directa con el número de contactos sexuales que se realizan sin protección y con el número de parejas diferentes. El uso de alcohol o drogas a la vez que se realiza sexo estimula la despreocupación y el olvido de las más elementales normas de protección y cuidado.

Qué síntomas pueden producir
El principal problema de muchas de estas enfermedades es que pueden ser asintomáticas, es decir, no dan síntomas durante meses o incluso años. El mayor riesgo lo proporcionan infecciones graves como el SIDA o la Hepatitis B, ya que ambas no suelen dar ningún tipo de síntomas y solo se diagnostican si se hacen pruebas de laboratorio con la intención de buscarlas.

En el caso de que existan síntomas, los más frecuentes son los siguientes:
—La uretritis consiste en la inflamación de la uretra, la parte final del aparato urinario y por donde sale la orina cuando es expulsada de la vejiga. Tanto los chicos como las chicas tienen uretra, aunque esta es más larga en los varones por la presencia del pene. Cuando se inflama suele producir dolor o escozor al orinar y a veces aparición de una secreción que sale de la propia uretra. El problema es que muchas uretritis tampoco dan síntomas. La uretritis con secreción verdosa o amarillenta se da con frecuencia en la gonorrea, mientras que la blanquecina se suele asociar con la infección por clamidias.
—La epididimitis es la inflamación del epidídimo, un órgano unido al testículo que cuando se inflama produce aumento de tamaño del escroto, que es piel que recubre a los testículos, y sobre todo dolor.
Vaginitis y vulvitis: la inflamación de la mucosa vaginal de las adolescentes suele producir bastante secreción ya que es un tejido rico en moco. Junto a la vaginitis puede aparecer inflamación de la vulva, que es la parte más externa y visible de la vagina. Los síntomas más frecuentes son el dolor, el picor y la presencia de un flujo cuyo color puede variar en función de la posible infección que lo genere. Normalmente se suele tomar una muestra de la secreción vaginal para realizar un cultivo antes de iniciar el tratamiento.
Cervicitis: es la inflamación de la mucosa del cuello del útero y a pesar de que puede dar síntomas, también puede pasar desapercibida. Los síntomas suelen ser secreción, que a veces se piensa que procede de la vagina ya que ha de pasar por allí para salir. También pueden producirse hemorragias, que se ven sobre todo tras las prácticas sexuales.
Enfermedad Inflamatoria Pélvica: este es un cuadro potencialmente más grave en el que se afectan el útero, las trompas o los ovarios, pudiendo llegar incluso al peritoneo. A veces es difícil diagnosticarla ya que los síntomas pueden ser inespecíficos: dolor abdominal, dolor a la palpación del cuello uterino o cuando se practica sexo, algo que las adolescentes no suelen contar por motivos obvios. Se debe sospechar en cualquier adolescente que tenga relaciones sexuales y presente dolor en esa región. Si evoluciona es más fácil ver otros síntomas como dolor, molestias durante la menstruación, presencia de secreción vaginal, etc.
Úlceras genitales: pueden verse lesiones de úlceras o llagas en las mucosas del pene y de la vulva, pero también en la boca cuando se ha practicado sexo oral. Esto es frecuente en los casos de herpes y en la sífilis.
Verrugas genitales: son frecuentes en las infecciones por el virus del papiloma humano, para el que actualmente existe una vacuna. El mayor riesgo de este virus es que a la larga puede predisponer a la aparición de cáncer de cuello uterino. Hay otros gérmenes, como el molluscum contagioso, que también pueden producirlas.
Infecciones por insectos: a veces el hallazgo más llamativo son la aparición de ladillas o incluso de sarna, lo que pone en evidencia la posibilidad de que haya habido contacto sexual con personas que puedan tener otras infecciones.

Cómo se diagnostican
El problema consiste en que las infecciones más frecuentes y a la vez las más peligrosas, el SIDA y la Hepatitis B, no dan síntomas. El resto de las infecciones también puede no dar síntomas, por lo que los adolescentes siguen practicando sexo con diferentes parejas y contagiando sin ser conscientes de ello. Por lo tanto lo más importante es sospechar su presencia por las conductas de riesgo.

Ante la sospecha el pediatra solicitará pruebas en relación con el posible cuadro. La exploración proporciona datos importantes a la hora de buscar signos específicos. En los casos de sospecha es útil la recogida de muestras como orina, secreción uretral o vaginal o incluso de sangre, ya que en cualquier caso hay que descartar la posibilidad de infección por SIDA o por Hepatitis B. A veces es útil la realización de una ecografía en el caso de que sospeche una enfermedad inflamatoria pélvica en una adolescente que presente síntomas compatibles.

Cómo se tratan
El tratamiento dependerá del germen que esté produciendo la infección. Las infecciones más «banales», como pueden ser las candidiasis, las verrugas o incluso las ladillas, se benefician de fármacos que a veces pueden adquirirse incluso sin receta, pero se debe hacer siempre una revisión por parte del pediatra, médico general o ginecólogo para descartar otros cuadros de mayor entidad. En todas las infecciones el tratamiento lo pautará un profesional que debe ser el que indique el fármaco, las dosis y la duración del tratamiento, así como las pruebas y los controles a realizar. Es importante el cumplimiento del tratamiento para reducir el riesgo de complicaciones. Otro punto importante suele ser el localizar a la pareja o parejas ya que también deben ser tratadas.

En todos los casos el adolescente debe mostrar compromiso en utilizar métodos anticonceptivos del tipo barrera para evitar no solo los embarazos no deseados, sino el riesgo de adquirir y de transmitir enfermedades. Se deben realizar revisiones periódicas una vez resuelto el cuadro para comprobar que la infección ha sido controlada y que no quedan secuelas a nivel de ningún órgano, especialmente los reproductivos, como los testículos en los varones y el cuello, el útero, las trompas o los ovarios en las mujeres.

Cómo prevenirlas
Es el punto más importante y se basa en la confidencialidad entre médico y paciente, que permite crear un clima de plena confianza. Los adolescentes pueden tener una vida sexual sana pero que solo se debería iniciar cuando adquieran la madurez psicológica y personal suficiente como para manejar esas situaciones con prudencia y sensatez. Lógicamente este estado de madurez solo lo pueden establecer los propios adolescentes ayudados por sus padres, educadores y profesionales sanitarios.

En caso de mantener relaciones sexuales, los adolescentes deben usar métodos anticonceptivos barrera como los preservativos y acudir a revisiones médicas de forma regular. En el caso de adquirir una enfermedad deben completar adecuadamente el tratamiento y  avisar a las posibles parejas o contactos. Y cuando a un adolescente se le diagnostique una ETS, hay que recordar que siempre puede haber otras asociadas, por lo que, por «banal» que sea, se debe acudir a la consulta de pediatría, de medicina general o de ginecología.

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3 pensamientos en “Enfermedades de transmisión sexual (ETS) en adolescentes

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