Vómitos

Los vómitos son la expulsión brusca del contenido del estómago del niño. En la mayoría de los casos se relacionan con procesos benignos y son muy limitados en el tiempo, pero el hecho de que a veces pueden relacionarse con procesos más graves hace que sean un motivo frecuente de consulta. Afortunadamente en la mayoría de los casos su origen está en cuadros con buen pronóstico.

El mayor riesgo de los vómitos reside en los lactantes, ya que pueden deshidratarse con facilidad.

Los vómitos son el resultado de una contracción refleja de varios músculos abdominales, acto que esrá coordinado por una zona específica del tronco del encéfalo, localizada concretamente en el bulbo raquídeo. Esta zona produce el vómito como respuesta a una serie de estímulos muy diferentes, que pueden ser muy frecuentes a lo largo de toda la edad infantil.

Por qué se producen
Entre las causas más frecuentes que producen el reflejo del vómito se encuentran los procesos infecciosos: desde una gastroenteritis hasta las temidas meningitis, casi cualquier infección puede provocar vómitos en el niño, incluídas las urinarias.
Mucho menos frecuentes son las apendicitis ó las invaginaciones ó procesos como el reflujo gastroesofágico ó los trastornos del comportamiento alimentario (como la anorexia). También pueden deberse a procesos obstructivos y aunque estos son más raros en pediatría también pueden verse.
A veces los vómitos están provocados por situaciones como el mover mucho al niño después de comer, tomas o comidas excesivas o incluso porque esté resfriado y degluta abundante mucosidad que finalmente le provoque el vómito.
Un cuadro muy específico y raro son los denominados vómitos cíclicos, en los que los niños de entre 2 y 5 años de edad pasan periodos en los que vomitan con facilidad ante estímulos mínimos. No se conoce la causa exacta pero es importante distinguirlos de otros cuadros.

Qué síntomas producen
Aparte del vómito en sí el mayor riesgo de un cuadro de vómitos a cualquier edad es el de deshidratación. Este riesgo es mayor cuanto más pequeño es el niño, siendo especialmente importante en los lactantes de corta edad (menores de un año). Además hay que vigilar especialmente si al vómito le acompaña un cuadro de diarrea, ya que entonces la pérdida de líquidos es mayor.
Los síntomas que pueden indicar deshidratación son que el niño orina menos (y además es de color oscuro y olor más fuerte), puede tener los labios y la piel de aspecto seco (lo normal es que al meter el dedo en la boca salga completamente húmedo) ó tener los ojos con aspecto hundido. Ante cualquiera de ellos siempre se debe acudir a un servicio de urgencias.
A veces el vómito se puede acompañar de pequeños restos de sangre porque el propio esfuerzo de vomitar daña la pared del estómago. Sin embargo ante la presencia de sangre en el vómito siempre se debe acudir al pediatra o a un servicio de urgencias para que el niño sea valorado.

Cómo se diagnostican
El Pediatra intentará siempre valorar el estado general del niño en primer lugar y luego el posible origen de los vómitos. Para ello preguntará detenidamente sobre múltiples aspectos que puedan orientar como fiebre, dolor, golpes, consumo de alimentos o sustancias, etc.
Una vez recogidos estos datos procederá a explorar al niño prestando especial atención a su estado general y de conciencia y a su estado de hidratación (observando la piel, las mucosas, los ojos). Luego tratará de buscar signos de los procesos que considere pueden estar relacionados con el proceso en función de los datos obtenidos de la familia y la exploración.
En función de algunas características de los vómitos se puede hacer una valoración del proceso causal de éstos ó los problemas que pueden asociar.
Si tienen un contenido abundante el riesgo de deshidratación es mayor que los vómitos de poca cantidad. Los vómitos que van empeorando conforme pasan los días también suelen esconder enfermedades más severas que aquellos que empiezan y acaban de la misma forma.
A veces contienen sangre que puede proceder de vías respiratorias superiores o bien por irritación del estómago si el niño tiene vómitos repetidos y frecuentes. En el caso de que se presenten con bilis o con heces el niño debe ser valorado ya que esto podría indicar una obstrucción en el aparato digestivo.
Los vómitos muy frecuentes pueden originar más deshidratación que los que son más espaciados en el tiempo.
Lo ideal es que sea el pediatra el que valore las posibilidades a considerar ya que en la mayoría de los casos el niño no va a requerir ninguna prueba complementaria. Estas se realizan cuando los vómitos afectan al estado general del niño o bien comprometen su estado de hidratación y se suelen hacer en medio hospitalario. También se pueden pedir en caso de que el Pediatra sospeche que puede haber una enfermedad severa o una causa que debe estudiarse tras el cuadro de vómitos. En la mayoría de los casos las pruebas se van a basar en analítica de sangre y pruebas de imagen, como radiografía ó ecografía.

Cómo se tratan
La prioridad del Pediatra siempre es discriminar el niño con afectación del estado general. En estos niños el tratamiento pasa primero por su estabilización (soporte respiratorio, circulatorio, estado de hidratación, etc.)

Por suerte la mayoría de los niños con vómitos suelen tener buen estado general y el objetivo es evitar la deshidratación. En estos habitualmente —y en función de la edad— se realizan pruebas de tolerancia en el domicilio o en los propios servicios de Urgencias. En estas pruebas se ofrecen bebidas en poca cantidad (una cucharada cada cinco minutos) y si es efectivo se sube la cantidad y la frecuencia de forma gradual. Si el niño vomita se puede esperar una hora para empezar de nuevo. Si no vomita el líquido entonces se le podrá ofrecer comida, en muy poca cantidad y sin forzarle nunca.

Existen algunos fármacos denominados antieméticos para el tratamiento de los vómitos. Sin embargo tienen un alto número de efectos secundarios y su efectividad no es siempre la que se desea, por lo que en general no se recomiendan utilizarlos salvo que sea estrictamente necesario, bajo prescripción facultativa y con un adecuado seguimiento por parte del profesional.

En el domicilio es importante aportar una adecuada cantidad de agua y líquidos, pero poco a poco, en tomas pequeñas, para no favorecer nuevos episodios de vómitos. Normalmente la mayoría de los episodios de vómitos desaparecen en menos de 8-10 horas y entonces el niño vuelve a alimentarse de forma normal.

En casa se pueden utilizar preparados como Hidrafan®, que son soluciones de suero oral en forma de gelatina, que pueden ayudar a que el niño las tolere mejor, ya que se ingieren como si fueran un flan.

Qué pronóstico tienen
En la mayoría de los casos los vómitos son un cuadro benigno, limitado en el tiempo y sin consecuencias. En función de la edad conviene vigilar al niño por el riesgo de deshidratación. En algunos casos que suelen llamar la atención por las características de los vómitos la causa puede ser más severa. Por este motivo conviene siempre que el niño sea valorado por un pediatra o en un servicio de urgencias.

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4 pensamientos en “Vómitos

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