Anemia por falta de hierro (ferropénica)

Una anemia consiste en un descenso de una sustancia en la sangre llamada hemoglobina. Esta sustancia permite el transporte de oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos, donde lo entrega para que pueda utilizarse.

La causa más frecuente de anemia en la edad infantil se debe a una falta de hierro, caso que recibe el nombre de anemia ferropénica o ferropenia. La anemia por déficit de hierro es la anemia más frecuente en general en la edad infantil. Se puede ver a cualquier edad aunque es más frecuente a partir de los 3-4 meses de vida en adelante, especialmente si se hacen dietas muy poco variadas en edad preescolar o escolar.

Puede tener muchas causas, pero las más frecuentes suelen estar relacionados con un déficit en su ingesta (sobre todo en lactantes, preescolares y escolares) y un mayor gasto debido al crecimiento y a la aparición de las menstruaciones en las niñas (adolescencia). En los adolescentes también es posible que exista un déficit en la ingesta ya que a esa edad suelen comer peor por rebeldía. A veces puede haber pérdidas aumentadas por diversos motivos, como sangrados ocultos, menstruación excesiva en las adolescentes u otros motivos.


Qué síntomas produce
Los síntomas de la anemia ferropénica pueden ser muy inespecíficos aunque sin embargo cuando aparecen suelen ser motivo de sospecha en los padres, que rápidamente los suelen asociar, siendo un motivo muy frecuente de consulta, incluso con la sospecha de una posible anemia. Entre los síntomas que con más frecuencia se pueden encontrar están el color pálido de la piel, la tendencia al cansancio, fatiga e incluso irritabilidad por resistencia a realizar actividades que conlleven esfuerzo físico o concentración, infecciones o llagas frecuentes en los labios y mucosa de la boca. A veces el niño lo que presenta es falta de apetito, menor interés o menor capacidad de aprendizaje. En general el niño suele tener buen aspecto, salvo que la palidez sea llamativa.

Cómo se diagnostica
Ante la sospecha el pediatra hará una historia clínica detallada en la que indagará sobre los hábitos alimenticios. En este punto se ha de ser totalmente sincero ya que es muy frecuente que muchos niños tengan un déficit en la ingesta de hierro y evita la realización de pruebas que pueden tener efectos secundarios, ya que la causa es el déficit de ingesta. También preguntará sobre datos que puedan orientar sobre enfermedades de fondo o bien posibles pérdidas de sangre que puedan estar pasando desapercibidas. En la exploración el pediatra buscará signos de anemia, como la presencia de soplos cardíacos o una frecuencia cardíaca acelerada, así como otros datos que puedan ser orientativos de otras causas.

Cuando la sospecha es de una anemia ferropénica el diagnóstico se suele confirmar mediante la realización de una analítica en la que por un lado se confirmará la presencia de anemia (es importante recordar que las cifras normales de hemoglobina dependen de la edad) y si el origen de la anemia es por déficit de hierro. Para el déficit de hierro también es importante considerar que el pediatra evaluará la presencia de hierro en sangre pero también las reservas del organismo, ya que a veces la cifra en sangre puede ser normal pero no haber reservas. Además el pediatra estudiará otros parámetros en sangre que le permitirán descartar o sospechar otros tipos de anemia.

Cómo se trata
En caso de confirmarse una anemia ferropénica el tratamiento se basa en la administración de suplementos de hierro por vía oral con preparados tan comunes en pediatría como Ferplex®, que generalmente son bien tolerados. El tiempo de administración puede ser variable y depende de lo que tarden en normalizarse las cifras. En general el hierro se suele dar al niño en ayunas y hay que recordar que hay sustancias que favorecen su absorción, como la vitamina C del zumo de naranja. Sin embargo otras reducen la absorción, como determinados vegetales y verduras. Por eso se suele dar en ayunas.

A veces la administración de hierro puede producir pequeñas molestias o incluso dolor abdominal. Algunos niños pueden sufrir episodios de estreñimiento, y por lo general casi todos los preparados manchan las heces de color oscuro. En los casos en los que existe un déficit de la ingesta se realiza el tratamiento pero es fundamental corregir el déficit variando la dieta del niño dando una dieta variada y rica en frutas, verduras, fibra y en este caso concreto, alimentos ricos en hierro. Algunos de estos alimentos son carnes, pescados, frutas, guisantes y alimentos enriquecidos como ciertos tipos de cereales. Para una correcta respuesta al tratamiento es fundamental no sólo dar el hierro oral sino también una dieta variada. El seguimiento se suele hacer en consulta, mediante controles clínicos (del niño) y analíticos (para ver la respuesta del organismo a la administración de hierro y de la dieta).

Lo normal es que el cuadro revierta sin problemas. En los casos en los que no es así el pediatra buscará otras causas que puedan estar produciendo el cuadro. En los casos graves puede que el niño requiera incluso ingreso y administración del hierro por vía intravenosa. En algunos casos puede que sea necesario incluso realizar una transfusión sanguínea.

Cómo prevenirla
La lactancia materna ayuda a prevenir el déficit de hierro ya que aunque esta leche contiene poco hierro, su absorción es mucho mayor que la de la leche artificial. Algunos lactantes que están con lactancia artificial exclusiva se pueden beneficiar de aportes extra de hierro en gotas a partir de los 5-6 meses (ó los 2 meses en caso de prematuros) en caso de que no hayan comenzado con la ingesta de cereales, frutas o verduras. En los casos en los que existan intolerancias (como a la leche de vaca) que puedan dar lugar a malabsorciones de hierro se debe tratar primero la intolerancia para que el hierro vuelva a absorberse correctamente.

También suele ser útil dar al niño cereales enriquecidos con hierro y evitar la leche de vaca en los primeros doce meses, ya que a veces no es bien tolerada y puede generar pequeñas pérdidas de sangre por el intestino, no detectables a simple vista y que pueden empeorar el cuadro.

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