Acné en niños y adolescentes.

El acné es un proceso en el que se produce una típica afectación de la piel que genera la aparición de los denominados comedones. Y es que los folículos pilosebáceos (donde nacen los pelos) y las glándulas sebáceas (o grasas) de la piel se pueden afectar por un exceso de producción de grasa cuyo origen suele ser hormonal, motivo por el que típicamente se relaciona la aparición de acné con la pubertad.

El acné se produce cuando estos folículos se obstruyen porque se acumula la grasa y se produce el denominado comedón, que da el típico aspecto de «grano». Suele ayudar a su aparición la presencia de ciertos gérmenes en la piel y además existe un cierto componente hereditario. La presencia de acné ya en la etapa de recién nacido parece que predispone a padecer cuadros más severos en la adolescencia.

Otros factores que influyen en la aparición de acné son el estrés, las variaciones hormonales del ciclo menstrual, los niveles elevados de ciertas hormonas, algunos cosméticos o fármacos como los anticonceptivos. Lo que sí parece es que no existe una relación (al menos directa) entre el consumo de determinados alimentos, como el chocolate, y la aparición de acné.

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Sonambulismo, terrrores nocturnos, pesadillas, mioclonias y otros.

Los trastornos del sueño, médicamente denominados parasomnias, son muy frecuentes en la edad pediátrica. Los trastornos más frecuentes son la dificultad para dormirse o los despertares frecuentes durante la noche, que se comentan en otra entrada.

Sin embargo hay más cuadros, que pueden ser motivo de duda o incluso de lógica preocupación para los padres en caso de presentarse. Estos son comportamientos nocturnos en forma de episodios y que suelen relacionarse con una leve inmadurez del sistema nervioso del niño. Los más frecuentes son el sonambulismo, los terrores nocturnos, las pesadillas, los movimientos rítmicos de autoamecimiento, las somniloquias (hablar en sueños) o las mioclonias fisiológicas. En esta entrada se explican en qué consiste cada uno de ellos y cómo deben afrontarse en caso de que sea necesario hacerlo.

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Insomnio (el niño que no se duerme).

Los denominados trastornos del sueño son muy frecuentes en la infancia y de hecho pueden verse en niños desde muy pequeños. La mayoría no esconden ningún problema grave y muchos de ellos se pueden solucionar total o parcialmente con una serie de consejos prácticos. Uno de los más habituales es el insomnio o dificultad para dormirse.

El sueño no se produce de manera uniforme: se pueden distinguir dos tipos de fases cuando se da, de forma que en unas se sueña y se mueven los ojos (las denominadas fases REM) y en otras se descansa profundamente, sin tener sueños (denominadas fases No REM). A lo largo de la vida del niño el sueño irá variando en el número de las fases que presenta, su duración y la distribución de las horas de descanso a lo largo del día. Lo normal es que entre las seis semanas y los siete meses de vida vayan desarrollando un patrón de sueño más o menos consolidado que posteriormente podrá seguir variando. El proceso de dormir es un hábito que requiere un aprendizaje.

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Timidez excesiva en niños. Niños tímidos.

El exceso de timidez (o niños demasiado tímidos) realmente consiste en un trastorno por ansiedad con conducta de evitación. Es decir, cuando el niño se enfrenta a una situación poco conocida por él (generalmente, estar con personas que no son de su círculo inmediato), tiene ansiedad. Y esto lleva a que quiera no estar en esas situaciones.

Por lo tanto el niño presenta una timidez excesiva en casi cualquier situación que implique permanecer con personas no conocidas o poco conocidas, lo que hace muy complicado sobrellevar situaciones aparentemente normales, como dejarlo con amigos o familiares e incluso quedar con personas ajenas a su círculo más cercano. Suele ocurrir sobre todo cuando el niño se enfrenta a situaciones que no conoce o no maneja bien, y sobre todo con personas a las que no conoce. Si bien este es un rasgo normal en determinadas etapas del desarrollo, nunca debe producirse de forma tan exagerada que la conducta del niño impida llevar una vida normal a los padres.

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Trastorno obsesivo compulsivo (obsesiones y compulsiones) en niños.

El trastorno obsesivo compulsivo abarca dos síntomas, las obsesiones y las compulsiones. Las obsesiones son ideas o pensamientos que tiene un niño de forma repetida. Las compulsiones son comportamientos o actos repetitivos. En general ambos son reconocidos como extraños por el propio niño, aunque termina aceptándolos como normales y realizándolos. Eso sí, muchas veces a escondidas.

Las obsesiones y las compulsiones pueden ser un rasgo de la personalidad que puede estar acentuado en algunos niños. Cuando estos actos producen un problema, por ejemplo afectando al ritmo de vida normal de un niño, entonces se habla de un trastorno obsesivo compulsivo. En muchos casos estos comportamientos son adquiridos en el propio seno familiar y en otros existen múltiples antecedentes familiares. Sigue leyendo →

Trastorno de estrés postraumático en niños y adolescentes.

El trastorno de estrés postraumático consiste en un cuadro en el que el niño padece una serie de síntomas relacionados con haber sufrido un episodio que le ha generado un cuadro de intenso estrés.

Es más frecuente de lo que se piensa en sus formas leves y también se ve con más facilidad en los niños más pequeños, ya que tienen menor capacidad psicológica para defenderse de estas situaciones. Es decir, están más desprotegidos ante situaciones potencialmente más estresantes.

Suele suceder porque el niño sufre un episodio que le genera un estrés intenso. El episodio no tiene por qué ser en sí grave, basta con que le genere estrés al niño, aunque en ocasiones sí pueden ser más serios, como una mordedura de perro o un accidente. En la mayoría de los casos, y sobre todo en las formas leves, son sucesos relativamente normales para su edad, como por ejemplo una disputa con un compañero en el colegio.

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Soplo cardíaco inocente en niños.

El hallazgo de un soplo cardíaco inocente en la edad infantil es algo bastante frecuente y que por definición no traduce ninguna patología. Sin embargo para poder catalogar un soplo en el corazón como inocente hay que descartar una serie de procesos, poco frecuentes pero severos, que también pueden generar la presencia de un soplo. Por definición un soplo inocente no esconde ninguna patología.

La edad más frecuente es entre los dos y los seis años, aunque hay una variante que puede aparecer en recién nacidos. Se cree que este soplo se oye debido a las turbulencias que puede producir la sangre en los grandes vasos arteriales. Lo que ocurre en el niño es que al tener una pared torácica menos gruesa que el adulto y una frecuencia cardíaca mayor, es más fácil auscultarlo (es decir, escucharlo usando el fonendoscopio).

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Pubertad retrasada o retraso en el desarrollo sexual.

La pubertad retrasada se produce en los niños de 14 años y en las niñas de 13 en los que aún no se ha iniciado la pubertad. Es más frecuente en los niños y la causa más frecuente, con mucha diferencia, es el retraso constitucional del crecimiento y del desarrollo (RCCD).

También se suele considerar que hay pubertad retrasada cuando tampoco se ha presentado el estirón puberal en esas mismas edades. Para que se considere que un niño ha iniciado la pubertad es necesario que exista un aumento del volumen testicular. En las niñas el inicio de la pubertad es el crecimiento de las mamas. El inicio de la pubertad se relaciona con la edad ósea, más que con la cronológica. La edad ósea se corresponde con la presencia de más o menos cartílago de crecimiento en los huesos y se valora mediante radiografías, generalmente de la mano izquierda.

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Angustia, o ansiedad por separación de sus padres, en niños.

La angustia o ansiedad por separación es el miedo exagerado que pueden presentar algunos niños a separarse de sus padres aunque sea por periodos cortos de tiempo que debería tolerar sin ningún problema. Normalmente se suele ver en niños en edad escolar y que han pasado un tiempo en casa con los padres. A veces ocurre si la familia ha superado una situación de intenso estrés (un accidente, ingreso de uno de los padres, una posible separación).

El niño lo suele manifestar con dolores, quejas o molestias que aparecen cuando es conocedor de que se va a separar de los padres por algún motivo. Los síntomas que puede presentar pueden ser de cualquier tipo, llegando a simular incluso de forma inconsciente auténticas enfermedades con tal de no separarse de los padres.

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Talla baja idiopática o normal (variante de la normalidad) en niños.

打印La talla del niño es un motivo frecuente de preocupación ya que es inevitable compararla a la de otros niños. La talla normalmente se valora en relación a la edad del niño y en función de unos valores que se consideran normales. Se suele decir que existe una talla baja cuando la talla del niño está por debajo del percentil 3 de la tabla para su edad, lo que significaría que sólo un 2-3% de los niños de su edad son más bajos que él. Sin embargo para valorar la talla es necesario valorar también la velocidad de crecimiento, un dato muy importante y que también se ajusta por edad y por unas tablas de referencia. El problema de la velocidad de crecimiento es que necesita mediciones seriadas y separadas como mínimo por varios meses.

Hay innumerables causas que pueden producir una talla baja en un niño. Las causas más frecuentes con diferencia son las denominadas variaciones del crecimiento normal. Dentro de ellas los cuadros más frecuentes son la Talla Baja familiar (en la que los padres son bajos), la Talla Baja Idiopática o el Retraso Constitucional del Crecimiento y del Desarrollo (RCCD). Esta es la causa más frecuente de retraso en la pubertad en los niños. La Talla Baja Idiopática (TBI) también se denomina talla baja variante de la normalidad o talla baja normal, y es el cuadro más frecuente en los casos de talla baja.

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