Archivo de la categoría: Lactantes

Comportamientos violentos. Violencia infantil.

En la infancia a veces pueden verse comportamientos violentos o determinadas formas de violencia. Y es que la agresividad por ejemplo es un comportamiento normal en los niños entre los dos y los tres años ya que tienen una baja tolerancia a las frustraciones.

La violencia en sí tiene como fin el producir daño, sea del tipo que sea (físico o psíquico) y sobre quien sea (los demás o uno mismo). El mayor problema suele estar en la edad de la adolescencia y sobre todo en los varones, aunque los comportamientos violentos pueden verse a cualquier edad y en ambos sexos.

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Cojera en la infancia. Niño que cojea.

Se podría definir como cojera o a un niño que cojea como cualquier alteración de la marcha que presente un niño. Siempre debe ser evaluada por un pediatra, y más en determinadas situaciones.

Las causas de posibles cuadros de cojera en la infancia son numerosas y muy variadas. La mayoría de los casos se deben a procesos sencillos, banales y sin repercusión, pero otras pueden esconder un proceso de fondo que puede requerir tratamiento. Entre las causas más frecuentes de cojera en la infancia se encuentran los traumatismos (contusiones, esguinces y fracturas), las sinovitis transitorias de cadera, la enfermedad de Perthes y el deslizamiento de la epífisis de la cabeza femoral.

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Caries del biberón o del lactante

La caries del biberón o del lactante es un tipo de caries que aparece típicamente en el lactante y que suele estar asociada a un uso determinado de los biberones. Las caries se producen por muchas causas pero existe una predisposición genética de forma que hay niños con mayor tendencia natural a padecerlas.

La flora bucal (los gérmenes normales que hay en la boca) son un factor fundamental para que se produzca, ya que un determinado grupo de ellas viven en medios ácidos y se adhieren al esmalte, sobre todo si existen azúcares que facilitan la adhesión de estas bacterias. Los azúcares que más adhesión permiten son los que están contenidos en la fruta, aunque el factor que más influye es que estos azúcares se den muy continuamente, como por ejemplo en forma de biberón que se da de forma casi continua y que contiene zumo de fruta, miel o cualquier otro tipo de azúcar que pueda generar este efecto.

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Candidiasis o infecciones por hongos en niños.

Las candidiasis son de las infecciones por hongos más frecuentes en la infancia, y son las que están producidas por cándidas, un tipo de hongo bastante común. Pueden aparecer de muy diversas formas, siendo algunas de ellas muy frecuentes en la edad infantil.

La cándida es un hongo presente en el medio ambiente que coloniza de forma normal a todos los niños, pero solo produce infecciones en situaciones determinadas, como por ejemplo alteración de la flora normal de la piel o de las mucosas, como ocurre al tomar antibióticos. Esto es lo más frecuente y generalmente las infecciones son bastante leves. Pero también pueden verser en enfermedades crónicas o con tratamientos de base que puedan generar cuadros de inmunodepresión en el niño, aunque en estos casos se suelen dar las formas más graves de infección por este hongo.

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Alopecia, calvicie o pérdida de pelo en niños.

La alopecia, calvicie o pérdida de pelo es un motivo de consulta bastante frecuente en la edad infantil. De hecho, la alopecia o calvicie puede estar presente al nacimiento o bien producirse en algún momento de la infancia (esto es mucho más frecuente).

También puede ser difusa o localizada, siendo esta también la forma más frecuente. En la inmensa mayoría de los casos en edad infantil la presentación va a ser tras el nacimiento y en la forma localizada (en áreas). Las causas más frecuentes son las infecciones por determinadas infecciones superficiales por hongos (los cuadros comúnmente denominados como «tiñas», la denominada alopecia areata y la alopecia traumática. Todos estos procesos se explican a continuación.

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Sonambulismo, terrrores nocturnos, pesadillas, mioclonias y otros.

Los trastornos del sueño, médicamente denominados parasomnias, son muy frecuentes en la edad pediátrica. Los trastornos más frecuentes son la dificultad para dormirse o los despertares frecuentes durante la noche, que se comentan en otra entrada.

Sin embargo hay más cuadros, que pueden ser motivo de duda o incluso de lógica preocupación para los padres en caso de presentarse. Estos son comportamientos nocturnos en forma de episodios y que suelen relacionarse con una leve inmadurez del sistema nervioso del niño. Los más frecuentes son el sonambulismo, los terrores nocturnos, las pesadillas, los movimientos rítmicos de autoamecimiento, las somniloquias (hablar en sueños) o las mioclonias fisiológicas. En esta entrada se explican en qué consiste cada uno de ellos y cómo deben afrontarse en caso de que sea necesario hacerlo.

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Insomnio (el niño que no se duerme).

Los denominados trastornos del sueño son muy frecuentes en la infancia y de hecho pueden verse en niños desde muy pequeños. La mayoría no esconden ningún problema grave y muchos de ellos se pueden solucionar total o parcialmente con una serie de consejos prácticos. Uno de los más habituales es el insomnio o dificultad para dormirse.

El sueño no se produce de manera uniforme: se pueden distinguir dos tipos de fases cuando se da, de forma que en unas se sueña y se mueven los ojos (las denominadas fases REM) y en otras se descansa profundamente, sin tener sueños (denominadas fases No REM). A lo largo de la vida del niño el sueño irá variando en el número de las fases que presenta, su duración y la distribución de las horas de descanso a lo largo del día. Lo normal es que entre las seis semanas y los siete meses de vida vayan desarrollando un patrón de sueño más o menos consolidado que posteriormente podrá seguir variando. El proceso de dormir es un hábito que requiere un aprendizaje.

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Soplo cardíaco inocente en niños.

El hallazgo de un soplo cardíaco inocente en la edad infantil es algo bastante frecuente y que por definición no traduce ninguna patología. Sin embargo para poder catalogar un soplo en el corazón como inocente hay que descartar una serie de procesos, poco frecuentes pero severos, que también pueden generar la presencia de un soplo. Por definición un soplo inocente no esconde ninguna patología.

La edad más frecuente es entre los dos y los seis años, aunque hay una variante que puede aparecer en recién nacidos. Se cree que este soplo se oye debido a las turbulencias que puede producir la sangre en los grandes vasos arteriales. Lo que ocurre en el niño es que al tener una pared torácica menos gruesa que el adulto y una frecuencia cardíaca mayor, es más fácil auscultarlo (es decir, escucharlo usando el fonendoscopio).

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Adherencias vulvares (sinequias de labios menores)

Las sinequias vulvares (o adherencias de los labios menores) son pequeñas adherencias que se producen entre los labios menores de las niñas pequeñas, que suelen verse entre los tres meses y los cuatro años y a veces dan la sensación de que las niñas tienen la vulva cerrada.

Parece que se producen por una inflamación de la zona producida por pequeñas retenciones de orina que la irritan. Esta inflamación generaría un leve aumento de flujo que en un momento dado puede llegar a adherir ambos labios menores.

Como las sinequias pueden facilitar aún más la retención de orina, se genera un círculo vicioso que favorece su formación. También puede verse por cuadros de irritación.

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Infecciones graves (sepsis) en niños.

Las infecciones graves, también llamadas sepsis, son de las enfermedades más temidas de la edad infantil. Una infección grave se caracteriza por su rápida progresión y por las graves consecuencias que puede tener sobre el niño aun diagnosticándola y tratándola a tiempo. Como otras muchas patologías el resultado dependerá de la edad del niño, el germen productor y los síntomas con los que se inicie el cuadro.

Este cuadro se caracteriza por la presencia de un germen en sangre y por una respuesta inadecuada del organismo del niño, que puede presentar una temperatura alta (>38ºC) pero también baja (<36ºC), una frecuencia cardíaca y respiratoria aceleradas e importantes alteraciones de la analítica sanguínea, ya que en primeras fases puede haber una elevada respuesta del sistema inumne (defensivo) pero luego este se puede venir abajo, generando así un enorme riesgo para el niño.

En las primeras fases de gravedad lo que ocurre es que empiezan a fallar órganos. En su grado más extremo falla la circulación y es lo que se denomina «Shock séptico», un cuadro muy grave ya que el niño no es capaz de mantener unas tensiones arteriales adecuadas. Todo esto es lo que se pretende evitar cuando se tratan las infecciones con antibióticos o se dan consejos sobre los signos de alerta en recién nacidos y lactantes.

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