Depresión en la infancia y adolescencia.

La depresión es un cuadro muy poco frecuente en la infancia temprana pero que sí puede alcanzar incidencias relativamente altas conforme se avanza en edad, especialmente en la adolescente. La variabilidad de síntomas es enorme aunque los más llamativos suelen ser la tristeza y la irritabilidad y la pérdida de interés en las actividades habituales del niño, como puede ser ir al colegio o incluso jugar con los amigos.

A veces lo que se producen son síntomas no tan evidentes pero sí muy característicos como cambios en el peso por aumento o pérdida del apetito, insomnio o exceso de sueño o el cansancio generalizado para casi cualquier actividad. A medida que los niños son mayores los síntomas pueden ser más marcados y parecidos a los del adulto. En los adolescentes con depresión no es raro ver ideaciones de muerte o incluso suicidio, que normalmente suelen poner en sobreaviso a los padres de que se está produciendo este cuadro.

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Testículo no descendido (criptorquidia) en niños.

La criptorquidia es la presencia de un testículo no descendido y que por lo tanto no se encuentra en la bolsa escrotal, que es es la piel que alberga los testículos en su interior y donde deben estar estos al nacimiento.

El testículo a veces se puede palpar aunque sea fuera de su sitio ya que puede estar localizado en algún sitio del trayecto inguinal, que va desde el abdomen (donde se forman los testículos durante la vida fetal) hasta la bolsa escrotal, que es donde se alojan definitivamente y donde deben encontrarse al nacimiento. No se conoce la causa exacta de por qué se produce esta falta de descenso de los testículos. Se atribuye a fallos hormonales o mecánicos, como una estrechez del conducto por donde deberían descender los testículos en su camino hacia la bolsa escrotal.

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Bocio (aumento de la glándula tiroides)

El bocio es el aumento de tamaño del tiroides, que es la glándula que produce la hormona tiroidea y que se encuentra en el cuello. Se puede palpar como una masa en el cuello y es un hallazgo que no es raro en la edad infantil y que no se tiene por qué acompañar de enfermedad ni de cambios en la función del tiroides (ni hipertiroidismo ni hipotiroidismo) aunque por lo general se estudian todas esas posibilidades cuando se aprecia en consulta.

Hay múltiples causas que pueden generar un cuadro de bocio en la edad infantil. Las más frecuentes son el déficit de yodo en la ingesta y el bocio simple (ó idiopático, en el que no se conoce la causa). Otras causas menos frecuentes, son las enfermedades autoinmunes (como la de Graves-Basedow), algunos fármacos (que puede estar tomando el niño o la madre, si esta le da pecho) o la presencia de nódulos. A veces el bocio puede producirse también por procesos infecciosos, malformaciones congénitas o incluso tumores, aunque estas causas son menos frecuentes en la edad infantil. Los casos relacionados con procesos autoinmunes son muy frecuentes y además tienen un importante componente hereditario.

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Sustos y ataques de pánico

Los sustos y los ataques de pánico son episodios en los que el niño puede sentir una enorme angustia acompañada generalmente de otros síntomas. En general se producen en niños con cierta facilidad para asustarse o que son más vulnerables a cambios del entorno o impresionables. Lo normal es que haya algún factor externo que le desencadene el ataque de pánico.

Normalmente se caracterizan porque el niño siente una enorme angustia que se acompaña de síntomas típicos de ansiedad además de palidez, sudoración intensa y aceleración del ritmo cardíaco.

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Anemia por falta de hierro (ferropénica) en niños.

Una anemia consiste en un descenso de una sustancia en la sangre llamada hemoglobina. Esta sustancia permite el transporte de oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos, donde lo entrega para que pueda utilizarse.

La causa más frecuente de anemia en la edad infantil se debe a una falta de hierro, caso que recibe el nombre de anemia ferropénica o ferropenia. La anemia por déficit de hierro es la anemia más frecuente en general en la edad infantil. Se puede ver a cualquier edad aunque es más frecuente a partir de los 3-4 meses de vida en adelante, especialmente si se hacen dietas muy poco variadas en edad preescolar o escolar.

Puede tener muchas causas, pero las más frecuentes suelen estar relacionados con un déficit en su ingesta (sobre todo en lactantes, preescolares y escolares) y un mayor gasto debido al crecimiento y a la aparición de las menstruaciones en las niñas (adolescencia). En los adolescentes también es posible que exista un déficit en la ingesta ya que a esa edad suelen comer peor por rebeldía. A veces puede haber pérdidas aumentadas por diversos motivos, como sangrados ocultos, menstruación excesiva en las adolescentes u otros motivos.

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Adenopatías o ganglios inflamados en niños.

Las adenopatías son ganglios que están aumentados de tamaño. Los ganglios son unos órganos del sistema defensivo donde las células defensivas se almacenan o realizan diferentes funciones, y se inflaman cuando existen por ejemplo infecciones o heridas. Las adenopatías por lo tanto son relativamente frecuentes en la edad infantil y suelen suponer un motivo frecuente de consulta ya que a veces la inflamación es llamativa. Se suelen detectar como bultos en el cuello, bajo la mandíbula o bien en la región posterior de la cabeza, como por ejemplo en la parte alta de la nuca.

Las adenopatías se pueden producir por múltiples causas. En la mayoría de los casos estas causas son infecciosas y sencillas de tratar, sin embargo en algunos el proceso de fondo puede ser severo, por lo que ante su presencia o ante hallazgos fuera de lo común se debe consultar siempre. Entre las causas más frecuentes se encuentran las infecciones, a mucha distancia del resto de causas. Casi cualquier infección puede producir adenopatías con características que pueden variar mucho en función del germen y del tipo de infección que se produzca. Mucho menos frecuentes son los procesos reumatológicos o inmunes, y mucho menos los relacionados con tumores o neoplasias.

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Síncope, lipotimia, mareo o desmayo en niños.

Un síncope o lipotimia (a veces llamado desmayo) es una pérdida de conciencia de forma súbita. Generalmente se acompaña de pérdida de la fuerza, de forma que el niño suele perder la postura y caer al suelo si está incorporado. A veces lo que ocurre es que el niño o adolescente tiene la sensación de que va a perder la conciencia pero no llega a ocurrirle. Este último cuadro se denomina presíncope. Aunque no tienen nada que ver con ellos, pueden ser confundidos con los mareos, pues a veces el niño lo describe de esa forma.

En general está motivado por una falta de riego sanguíneo en la zona cerebral, que suele ser de corta duración. Esta falta de riego puede estar causada por múltiples factores, aunque en la edad infantil (o adolescente) las causas más frecuentes suelen ser las bajadas de tensión o una frecuencia cardíaca algo más lenta de lo habitual. Estas mismas causas son las que motivan los presíncopes.

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Vacuna frente al neumococo (Prevenar).

La vacuna frente al neumococo (Prevenar®) es una vacuna frente a esta bacteria que puede producir múltiples tipos de infecciones, desde otitis y sinusitis hasta neumonías, meningitis y sepsis.

La particularidad de esta vacuna es que de momento no está incluida en todos los calendarios vacunales, aunque se recomienda su inclusión y está recomendada por la Asociación Española de Pediatría su administración en la infancia salvo que exista alguna contraindicación expresa que impida administrarla. Es efectiva desde la primera dosis con la ventaja añadida de que además es duradera en el tiempo.

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Recién nacidos prematuros o con bajo peso.

Los recién nacidos prematuros son aquellos que nacen con menos de 37 semanas de edad gestacional, es decir, de desarrollo dentro del útero materno. Y los recién nacidos con bajo peso al nacimiento son los que pesan menos de 2.500 gramos al nacer. Estos dos cuadros se suelen asociar en ocasiones y a veces incluso a un tercero, el denominado CIR ó crecimiento intrauterino retrasado.

El mayor riesgo de estos cuadros es que predisponen al niño a padecer ciertas patologías. La tasa de problemas es mayor cuanto menor es el peso. Actualmente se consideran viables niños de 500 gramos aunque su supervivencia es inferior al 20%, mientras que en los niños que superan los 1.200 gramos las cifras de supervivencia pueden llegar a alcanzar el 90%. El problema suele residir en las complicaciones que muchas veces acompañan al desarrollo de estos niños fuera del útero materno.

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