Archivo de la categoría: Adolescentes

Hipertensión arterial en la infancia.

Contrariamente a lo que muchas personas piensan, existen cuadros de hipertensión arterial en la infancia. Aunque afortunadamente son poco frecuentes y en general asociados a otras patologías (algunas tan frecuentes como la obesidad) es importante tener en cuenta que este es un proceso que puede presentarse en determinados niños.

La hipertensión arterial (o HTA) es el aumento de las cifras de tensión arterial (TA) por encima de los valores considerados como normales para la edad y el sexo del niño. Es un problema más frecuente de lo que se creía y que puede condicionar la vida futura del niño en los casos en los que no se actúe y estas cifras de tensión arterial elevadas permanezcan así durante años.

Para poder hablar de HTA es necesario haber constatado una elevacion de esta en el menos tres tomas distintas de tensión arterial en buenas condiciones (generalmente tomadas por profesionales sanitarios y tras permanecer el niño unos minutos en reposo, previo a la toma de tensión).

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Depresión en la infancia y adolescencia.

La depresión es un cuadro muy poco frecuente en la infancia temprana pero que sí puede alcanzar incidencias relativamente altas conforme se avanza en edad, especialmente en la adolescente. La variabilidad de síntomas es enorme aunque los más llamativos suelen ser la tristeza y la irritabilidad y la pérdida de interés en las actividades habituales del niño, como puede ser ir al colegio o incluso jugar con los amigos.

A veces lo que se producen son síntomas no tan evidentes pero sí muy característicos como cambios en el peso por aumento o pérdida del apetito, insomnio o exceso de sueño o el cansancio generalizado para casi cualquier actividad. A medida que los niños son mayores los síntomas pueden ser más marcados y parecidos a los del adulto. En los adolescentes con depresión no es raro ver ideaciones de muerte o incluso suicidio, que normalmente suelen poner en sobreaviso a los padres de que se está produciendo este cuadro.

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Bocio (aumento de la glándula tiroides)

El bocio es el aumento de tamaño del tiroides, que es la glándula que produce la hormona tiroidea y que se encuentra en el cuello. Se puede palpar como una masa en el cuello y es un hallazgo que no es raro en la edad infantil y que no se tiene por qué acompañar de enfermedad ni de cambios en la función del tiroides (ni hipertiroidismo ni hipotiroidismo) aunque por lo general se estudian todas esas posibilidades cuando se aprecia en consulta.

Hay múltiples causas que pueden generar un cuadro de bocio en la edad infantil. Las más frecuentes son el déficit de yodo en la ingesta y el bocio simple (ó idiopático, en el que no se conoce la causa). Otras causas menos frecuentes, son las enfermedades autoinmunes (como la de Graves-Basedow), algunos fármacos (que puede estar tomando el niño o la madre, si esta le da pecho) o la presencia de nódulos. A veces el bocio puede producirse también por procesos infecciosos, malformaciones congénitas o incluso tumores, aunque estas causas son menos frecuentes en la edad infantil. Los casos relacionados con procesos autoinmunes son muy frecuentes y además tienen un importante componente hereditario.

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Anemia por falta de hierro (ferropénica) en niños.

Una anemia consiste en un descenso de una sustancia en la sangre llamada hemoglobina. Esta sustancia permite el transporte de oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos, donde lo entrega para que pueda utilizarse.

La causa más frecuente de anemia en la edad infantil se debe a una falta de hierro, caso que recibe el nombre de anemia ferropénica o ferropenia. La anemia por déficit de hierro es la anemia más frecuente en general en la edad infantil. Se puede ver a cualquier edad aunque es más frecuente a partir de los 3-4 meses de vida en adelante, especialmente si se hacen dietas muy poco variadas en edad preescolar o escolar.

Puede tener muchas causas, pero las más frecuentes suelen estar relacionados con un déficit en su ingesta (sobre todo en lactantes, preescolares y escolares) y un mayor gasto debido al crecimiento y a la aparición de las menstruaciones en las niñas (adolescencia). En los adolescentes también es posible que exista un déficit en la ingesta ya que a esa edad suelen comer peor por rebeldía. A veces puede haber pérdidas aumentadas por diversos motivos, como sangrados ocultos, menstruación excesiva en las adolescentes u otros motivos.

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Adenopatías o ganglios inflamados en niños.

Las adenopatías son ganglios que están aumentados de tamaño. Los ganglios son unos órganos del sistema defensivo donde las células defensivas se almacenan o realizan diferentes funciones, y se inflaman cuando existen por ejemplo infecciones o heridas. Las adenopatías por lo tanto son relativamente frecuentes en la edad infantil y suelen suponer un motivo frecuente de consulta ya que a veces la inflamación es llamativa. Se suelen detectar como bultos en el cuello, bajo la mandíbula o bien en la región posterior de la cabeza, como por ejemplo en la parte alta de la nuca.

Las adenopatías se pueden producir por múltiples causas. En la mayoría de los casos estas causas son infecciosas y sencillas de tratar, sin embargo en algunos el proceso de fondo puede ser severo, por lo que ante su presencia o ante hallazgos fuera de lo común se debe consultar siempre. Entre las causas más frecuentes se encuentran las infecciones, a mucha distancia del resto de causas. Casi cualquier infección puede producir adenopatías con características que pueden variar mucho en función del germen y del tipo de infección que se produzca. Mucho menos frecuentes son los procesos reumatológicos o inmunes, y mucho menos los relacionados con tumores o neoplasias.

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Síncope, lipotimia, mareo o desmayo en niños.

Un síncope o lipotimia (a veces llamado desmayo) es una pérdida de conciencia de forma súbita. Generalmente se acompaña de pérdida de la fuerza, de forma que el niño suele perder la postura y caer al suelo si está incorporado. A veces lo que ocurre es que el niño o adolescente tiene la sensación de que va a perder la conciencia pero no llega a ocurrirle. Este último cuadro se denomina presíncope. Aunque no tienen nada que ver con ellos, pueden ser confundidos con los mareos, pues a veces el niño lo describe de esa forma.

En general está motivado por una falta de riego sanguíneo en la zona cerebral, que suele ser de corta duración. Esta falta de riego puede estar causada por múltiples factores, aunque en la edad infantil (o adolescente) las causas más frecuentes suelen ser las bajadas de tensión o una frecuencia cardíaca algo más lenta de lo habitual. Estas mismas causas son las que motivan los presíncopes.

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Petequias en niños con fiebre.

Las petequias son pequeños puntos de color violáceo que aparecen en la piel del niño. Realmente son microhemorragias que pueden aparecer por traumatismos, presión sobre la piel, infecciones virales o bien en el contexto de infecciones bacterianas graves. Por eso siempre se consideran un posible factor de riesgo cuando se asocian petequias y fiebre en niños de cualquier edad.

El problema de la presencia de petequias en un cuadro febril a cualquier edad es que pueden indicar gravedad. Esto es aún más cierto en los casos en los que el niño presenta mal color, tono muscular o sensación de enfermo, y es el motivo por el que se suele indicar que ante un cuadro de fiebre y petequias el niño siempre sea valorado en un servicio de urgencias.

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Dislexia en niños.

La dislexia es un trastorno relativamente frecuente en la edad infantil y que debe sospecharse ante todo niño de inteligencia y desarrollo normales que en la escuela empieza a mostrar dificultades para leer.

Se suele definir como el retraso en dos o más años en la lectura o un rendimiento lector muy por debajo del resto de niños de su edad. Es un trastorno del aprendizaje, no un trastorno del lenguaje. A veces existe asociación con otros procesos, como retraso en el habla (que sí es un trastorno del lenguaje) o déficits leves de atención o de memoria. Es muy frecuente en los niños que tienen problemas de aprendizaje y lo característico es que al leer en voz alta al niño le cuesta mucho pronunciar las palabras que está leyendo, aunque las conozca y las entienda. El verdadero problema del niño es que no logra descodificar adecuadamente las palabras que lee.

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Alergia a insectos (abejas, avispas, hormigas), en niños.

La alergia (o alergias) a los insectos se pueden producir por dos mecanismos: uno de ellos son las picaduras o incluso las mordeduras, de forma que al introducir sustancias propias del insecto en el organismo del niño se desencadena un episodio de alergia, que puede ser desde leve hasta grave en sus formas más severas. El otro mecanismo consiste en que el niño inhale sustancias del insecto, de forma que se pueden generar cuadros alérgicos como las rinitis alérgicas o incluso el asma. En este post se abordan sobre todo las reacciones producidas por picaduras o mordeduras.

En la mayoría de los casos la reacción que se produce se circunscribe al ámbito local, de forma que lo que se produce es una reacción que permanece localizada en el sitio de la picadura o mordedura. Esta reacción no suele estar mediada por la IgE, sustancia que produce el organismo del niño y que predispone a respuestas defensivas.

El problema reside en los casos en los que el niño genera una respuesta alérgica generalizada a alguna sustancia que haya podido inocular el insecto. Estas respuestas sí están relacionadas con la IgE y son relativamente frecuentes con el veneno que inoculan determinadas familias de insectos, como pueden ser los de las abejas, las avispas y las hormigas. Son muy raras en los mosquitos.

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Varicela en niños.

La varicela es una enfermedad infecciosa que da un cuadro muy característico en el que lo que predomina es la llamativa erupción cutánea que se genera y en la que predomina la presencia de vesículas.

Está producida por el Virus Varicela-Zoster (VVZ) y es muy frecuente y contagiosa, aunque rara de ver antes de los seis meses de vida ya que los niños menores de esta edad suelen tener anticuerpos protectores procedentes de la madre. Es más frecuente en invierno y en primavera.

Se contagia a través de secreciones y de las lesiones que produce en la piel (las famosas vesículas). Un niño es contagioso desde un par de días antes de tener lesiones en la piel hasta que todas ellas estén en fase de costra (secas).

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