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Acerca de Bruno Nievas

Mi nombre es Bruno Nievas. Pediatra desde hace quince años, he trabajado en hospital (planta, UCIP, consultas), en atención primaria, en centros públicos y en privados, y he desempeñado un cargo de dirección médica durante tres años. Como escritor, tengo tres novelas publicadas por Ediciones B, la última de ellas titulada «Lo que el hielo atrapa». Entre mis aficiones se encuentran la divulgación pediátrica y la escritura, así como los ordenadores, la tecnología y los medios de comunicación.

Dislexia en niños.

La dislexia es un trastorno relativamente frecuente en la edad infantil y que debe sospecharse ante todo niño de inteligencia y desarrollo normales que en la escuela empieza a mostrar dificultades para leer.

Se suele definir como el retraso en dos o más años en la lectura o un rendimiento lector muy por debajo del resto de niños de su edad. Es un trastorno del aprendizaje, no un trastorno del lenguaje. A veces existe asociación con otros procesos, como retraso en el habla (que sí es un trastorno del lenguaje) o déficits leves de atención o de memoria. Es muy frecuente en los niños que tienen problemas de aprendizaje y lo característico es que al leer en voz alta al niño le cuesta mucho pronunciar las palabras que está leyendo, aunque las conozca y las entienda. El verdadero problema del niño es que no logra descodificar adecuadamente las palabras que lee.

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Cuerpos extraños en el esófago, en niños.

Un cuerpo extraño es cualquier objeto que pueda ser introducido en el cuerpo. En la edad infantil es muy frecuente el que los niños pequeños se lleven cualquier objeto a la boca, bien para explorarlo (en la etapa de lactante) bien porque forme parte del juego (niños en edad preescolar y escolar). A veces este objeto es ingerido y pasa a vía digestiva, pudiendo quedar encajado en el esófago.

Puede verse a cualquier edad (no es raro en adolescentes en relación con apuestas o el deseo de impresionar), aunque lo más frecuente es verlo en niños de entre 6 meses y 3 años, con casi cualquier objeto imaginable, aunque lo más frecuente son las monedas y alimentos no digeribles, como trozos de hueso.

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Alergia a insectos (abejas, avispas, hormigas), en niños.

La alergia (o alergias) a los insectos se pueden producir por dos mecanismos: uno de ellos son las picaduras o incluso las mordeduras, de forma que al introducir sustancias propias del insecto en el organismo del niño se desencadena un episodio de alergia, que puede ser desde leve hasta grave en sus formas más severas. El otro mecanismo consiste en que el niño inhale sustancias del insecto, de forma que se pueden generar cuadros alérgicos como las rinitis alérgicas o incluso el asma. En este post se abordan sobre todo las reacciones producidas por picaduras o mordeduras.

En la mayoría de los casos la reacción que se produce se circunscribe al ámbito local, de forma que lo que se produce es una reacción que permanece localizada en el sitio de la picadura o mordedura. Esta reacción no suele estar mediada por la IgE, sustancia que produce el organismo del niño y que predispone a respuestas defensivas.

El problema reside en los casos en los que el niño genera una respuesta alérgica generalizada a alguna sustancia que haya podido inocular el insecto. Estas respuestas sí están relacionadas con la IgE y son relativamente frecuentes con el veneno que inoculan determinadas familias de insectos, como pueden ser los de las abejas, las avispas y las hormigas. Son muy raras en los mosquitos.

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Varicela en niños.

La varicela es una enfermedad infecciosa que da un cuadro muy característico en el que lo que predomina es la llamativa erupción cutánea que se genera y en la que predomina la presencia de vesículas.

Está producida por el Virus Varicela-Zoster (VVZ) y es muy frecuente y contagiosa, aunque rara de ver antes de los seis meses de vida ya que los niños menores de esta edad suelen tener anticuerpos protectores procedentes de la madre. Es más frecuente en invierno y en primavera.

Se contagia a través de secreciones y de las lesiones que produce en la piel (las famosas vesículas). Un niño es contagioso desde un par de días antes de tener lesiones en la piel hasta que todas ellas estén en fase de costra (secas).

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Electrocuciones (quemaduras eléctricas) en niños.

Las quemaduras eléctricas (o electrocuciones) son quemaduras que se producen en relación con una fuente eléctrica. Cuando suceden se suele hablar de niños electrocutados, o a los que «les ha dado la corriente».

Se producen cuando un niño entra en contacto con una fuente eléctrica y esta le produce una lesión. Existen tres tipos fundamentales cuyas lesiones y consecuencias son muy diferentes: las que se producen por tocar un cable de uso común, normalmente en el domicilio (las más frecuentes con mucha diferencia), las que se producen por tocar un cable de alta tensión y las producidas por rayos. Estas dos últimas son muy raras pero mucho más graves que las primeras.

En todos los casos el niño debe ser evaluado en un servicio de urgencias, pero en los dos últimos se debe activar el servicio de emergencias ya que las consecuencias pueden ser muy graves.

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Quemaduras en niños.

Las quemaduras, en esencia, son lesiones producidas por una fuente de calor. Las quemaduras se pueden producir por diversos motivos que eleven la temperatura de la piel: fuego, rayos solares, agentes químicos ó la electricidad.

En general lo más frecuente es que se produzcan por exposición al sol o accidentalmente al fuego, mientras que en los niños en edad preescolar lo más frecuente es que les caiga agua hirviendo en la cocina, mientras están jugando en ella o están al lado de los padres mientras estos manipulan utensilios con agua hirviendo. En los niños mayores, generalmente suelen producirse por actitudes imprudentes, como jugar con fuego, mecheros o incluso tocar objetos o motores calientes, como el de vehículos.

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Parásitos (lombrices, gusanos, oxiuros, enterobiasis) en niños.

La denominada parasitosis es la infección producida por lombrices o gusanos (oxiurasis, oxiuros, enterobiasis). Las parasitosis en general son cuadros no graves que suelen dar pocos síntomas y muy inespecíficos. Es uno de los cuadros más frecuentes en la edad infantil, y lo normal es que si el niño la tiene, los familiares cercanos también puedan tenerla. Son lo que muchas veces se denominan «lombrices».

Se producen por la presencia de oxiuros, que son unos gusanos de pequeño tamaño (entre 2 y 10 milímetros) y de color blanco que viven en diferentes localizaciones del intestino grueso. Lo típico es que las hembras suelen salir por la noche por el ano para depositar sus huevos.

El contagio suele producirse al tocarse el niño y transportar huevos en las manos, que pueden ser ingeridos por otro niño si lo toca. Las infecciones por este parásito suelen predominar sobre todo en otoño e invierno y afecta sobre todo a niños en edad preescolar.

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Molluscum contagiosum (molusco contagioso) en niños.

El molluscum contagiosum (o molusco contagioso) son unas lesiones que aparecen en la piel y que tienen una forma muy característica y fácil de reconocer. Su mayor problema es que pueden ser muy contagiosas.

Están producidas por poxvirus, un tipo de virus muy contagioso que se puede transmitir por contacto directo entre niños e incluso un mismo niño a otras zonas de su piel, al transportarlo con las uñas y rascarse. Produce unas lesiones en forma de pápulas que suelen tener forma de cúpula y con una característica depresión central, que ayuda mucho a reconocerlas. Pueden picar y a veces la base de la pápula puede estar ligeramente enrojecida.

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Enfrentamiento a la autoridad (negativismo desafiante) en niños y adolescentes.

El negativismo desafiante (u oposicionamiento activo) es una forma leve del trastorno de conducta típico, niños que suelen tener comportamientos agresivos y que se enfrentan a los comportamientos y normas sociales establecidos como normales. Suelen enfrentarse con facilidad a la autoridad.

Son niños que en general y de forma resumida, tienden a desobedecer, haciendo sólo aquello que les otorga placer o satisfacción.

De esta forma suelen ser desobedientes, desafiantes, se enfadan y enfadan a los que les rodean y ponen todo tipo de excusas para no hacer lo que se les ordena o les corresponde. Son frecuentes entre los 18 meses y los 3 años. La mayoría de estos casos se relacionan con un exceso de relajación por parte de los padres, que a veces otorgan demasiada permisividad a los niños, que sacan partido a esa situación adoptando los comportamientos que les produce placer o satisfacción.

Las formas más leves, comunes y fáciles de corregir de estos cuadros se manifiestan en forma de rabietas o enfados, en los que a veces el niño puede adoptar actitudes como contener la respiración.

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Comportamiento agresivo (trastorno de conducta tipico) en niños y adolescentes.

Los niños con trastorno de conducta típico suelen tener comportamientos agresivos y se enfrentan a los comportamientos y normas sociales establecidos como normales. Suelen enfrentarse con facilidad a la autoridad (padres, educadores, responsables, etc.).

En general son conductas que se enfrentan a las normas sociales de lo “bien visto”. Se meten fácilmente en discusiones y peleas o problemas de todo tipo. Tienden a robar o realizar actos vandálicos. Para considerar que el niño tiene un trastorno de conducta típico debe mostrar este comportamiento al menos durante seis meses.

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